Todo sigue igual, pero peor

Bueno, bueno, bueno…que ya estaban aquí y siguen aquí, siguen siguiendo.

No es paranoia, que me están haciendo el seguimiento, jajajaja! Qué importanteeeeeeeee! A ver si me van a denunciar a mí también por corrupción. Por corromper el pensamiento único, el del sitio donde curro. Ayer me pasó una cosa, pero no sé si contarla, porque si me siguen, me siguen, y no mola.

Pero en el sitio donde curro me hicieron ayer, para que me enterase de que estaban enterados, un comentario sobre comentarios que hice en el foro de una noticia de un periódico. Una noticia relativa a los que mandan en el sitio donde curro.

Jodés, qué miedo! En serio, esto es de novela con el totalitarismo en el centro. En toda mi vida no había visto cosa igual, y mira que tengo décadas, y el domingo cumplo años. Qué pena, ya me quedan menos.

Por si irrumpe aquí alguien que no procede que irrumpa, no sé si despedirme definitivamente de este sitio y hacerme uno nuevo. Pero cómo puedo decir desde este sitio a qué sitio si me controlan este sitio?

Ay, que estoy sitiada.

Y eso que todo lo que digo es “de coña”. Toc toc toc, molesto? Es que voy a hacer un comentario de coña.

Mirad lo que estoy leyendo: “El desengaño de internet”, por un tipo serio, eh? Nada de vagos “nos vigilan, se meten en nuestro ordenador” y blablabla. Es Evgeni Morozov y me mola. Pero mirad, mirad:
“GreenDam es un sistema de censura con un inmenso potencial de autoaprendizaje distribuido; En cuanto descubre qe alguien teclea ‘demokracia’ en lugar de ‘democracia, ningún otro usuario podrá aprovechar esa fisura”.

De todas formas, pa disimular yo nunca usaría “demokracia” en luger de “democracia”. Teclearía “themos tragedia” o “menos gracia” y no se enteraría ni dios, eso sí. Qué lástima.

La tesis del libro, cuyo autor es un converso salido del ciberutopismo (frente al cibercentrismo, que por lo visto es otra cosa), es que ninguna revolución se ha hecho en las redes sociales. Y es verdad. Entre otras cosas, si se considera que un millón de usuarios de facebook se “revolucionaron” cuando los últimos pollos poselectorales de irán, cuatro eran iraníes en Irán y el resto, americanitos que creían estar muy informados e iban a derrocar a Ahmadineyad, el pobre, que a todas estas es un progre comparado con los ayatolás, que son los jefes supremos del “país persa”, como dicen los ridículos confundidos. De hecho, los ayatolás lo consideran un desviado hacia la modernidad y le cierran los medios de los periodistas amigos y le dan por ahí cuanto quieren darle por ahí.

Contraportada de “El engaño de internet”:

“Morozov, él mismo un ciberutopista converso, defiende que internet, más que el catalizador de un cambio que llevará a los jóvenes a la calle, podría muy bien ser el nuevo opio de las masas. Al fin y al cabo, ‘las búsquedas más populares en los buscadores de internet rusos no son qué-es-la-democracia? o cómo-proteger-los-derechos-humanos, sino qué-es-el-amor? y cómo-perder-peso'”.

El descubrimiento, nada moderno, de que no hay nada mejor para combatir la disidencia y la insatisfacción en una dictadura (y en una democracia coja, como las nuestras) que ponerles ante las narices entretenimiento a tope. En la RDA, en cuanto vieron que los paisanos loqueaban de gusto viendo (con antenas conveniente y clandestinamente orientadas) concursos, cotilleos y series entretenidas mostrando la vida occidental y consumista, el gobierno acabó facilitando que ser vieran libremente, y, lejos de “insatisfacerse” más la sufrida población por no tener acceso a tales “lujos” y tal democracia (entre comillas?), se ponían contentísimos y venga a decir “qué bonito, qué bonito, qué guapa Joan Collins vetida por diseñadores yankis pródigos en drapeados, hombreras silueteadoras de señoras hasta convertirlas en el acorazado Potemkin, y cosas así.

Es lo que siempre he pensado, de aquí mismo: no se sentirá ofendida y frustrada la masa consumidora de papel couché y realities de casas de ricos, al convivir con su miseria propia y su despensa rellanada con choped? Pues no. Empatizan, se sienten príncipes y princesas, y se apenan con sus penas y se alegran por sus matrimonios contraídos con otros príncipes y princesas que, con los años, prometen a sus hijas con otros príncipes y principesas, en los casos “reales”, y a sus hijos con Carolinas Herreras junior, en el caso de los plebeyos.

Qué lástima.

Yo no estoy en las redes sociales, soy una disidente natural (como siempre, no razono; intuyo o “viscero”): son majaderías y  superstición de libertad. Incluso me compré un libro en plan “facebook es una tontería”, y era una tontería. Se lo regalé a una facebook fan, a la que le hacía mucha gracia reírse de sí misma, sin saber que lo hacía.

Bah!

Y al que me haya rastreado, le digo: ves cómo tienes que tragar mucha paja para encontrar chicha? Ja!!!

 

 

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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