El negro que cuenta su vida en galego

Esa manía nace de la forma estúpida de administrar las lenguas. No he visto nunca ningún problema de “falar ben” o “hablar mal” hasta que se normativizó y supuestamente se normalizó mi espléndida lengua. Se empezó entonces a hablar “xuntego”, galego “de cursiños” da Xunta porque cada cursiño daba más puntos que ser doctor en Física de la masa molecular de las Nubes de Mondoñedo. Lo malo es que el que no necesitaba cursiño o se acomplejaba y no lo hablaba porque se arrastra esa idea paleta de que hablar gallego era paleto y hablar “castellano” (?????), finísimo. Aún ahora, tengo conocidos y compañeros que ocultan ese acento que yo esgrimo como una cimitarra retadora (veña, oh!) y ribeteo con guiños cuando estoy hablando español (nada de castellano, porque me pirria el colombiano, el mexicano y, de paso, los tomates de Bergondo). Guiños como “madialeva” y “era boa”. O sea, no me extraña, y estaría bueno. Aunque madialeva sirve para todo: no me extraña, con razón, ahí has hablado, qué bien te comprendo. Guiñazos como “boh!”(compartido con los italianos, aunque tiran más al “buh”) o “sí, oh!”, o “veña!”, o “vai ao carallo”.

Es como llevar dentro a Cunqueiro, a Méndez Ferrín, a Casares, a Blanco Amor, a Neira Vilas, a mi amiguiño Lino Braxe, a Paco Martín, a Novoneyra, a Celso Emilio, a Risco, a Rosalía, a Fernán Vello, a Lois Pereiro, a Fole, a Manuel María.

Es como llevar pegado a la nariz un bosque animado, la marisma del Mandeo, la playaza de Carnota, una tasca con tapa de empanada de zamburiñas en pan de millo.

O como enredarse en una silva cargada de moras (que descargo yo para hacer pudding, dicho sea de paso), o en un mar de helechos, o como bucear en un camino inundado de bostas de vaca, mmmmmm! Sí, qué pasa? Las vacas de ahora tienen el culo limpio, no empedrado y sobrevolado por moscas. Además, ya no se llaman Teixa, Moura ni Pinta, sino que pasaron a ser Jessica y Vanessa, lueg Chenoa, y ya no sé por dónde van. En Italia, donde antes eran todas Gelsomina (Margarita), a saber cómo las reclama ahora su dueño para ordeñarlas. Rafaella Carrá ya no, desde luego. Puede que Ramazzota.

En fin, todo eso más una nube, un urogallo y una cierta tolería (desbarre fantasioso rayano en locurita) es lo que una lleva dentro y lo desparrama y de ahí me nace el galego de parto natural.

Pues nada, no me acordaba del complejo ese, y resulta que aún anda extendido. Eso de que si hablas  galego eres paleta o, al contrario, pedantorra con la cabeza sumergida en una Longa noite de pedra.

Rajoy, verbigracia, no quiere ser gallego. De la retranca que se le atribuye, porque quien no la tiene no sabe lo que es, carece ese señor tan feo y tan, tan…deleznable, indeseable e impresentable. Soberbio y maleducado. Borrico y acomplejado. Y trotona, si se me permite la maldad improcedente, Que le den. Bueno, pues el caso es que quiere ser tan poco gallego que hace los participios en -ao, algo que en toda la historia no ha hecho nunca ningún gallego. O sí, las acomplejadas que venían a servir a Madrid (en las demandas de trabajo siempre se especificaba que era “señora gallega”, cocinaba bien y tenía mano para los niños) y volvían llenas de remilgos, cursilería y ridiculez. Más las jóvenes que las mayores. Y Rajoy se ha pasado del “terminado” al “terminao”; del legislado” al “legislao” y del loden al fascismo.

Pues nada, yo a lo mío. La librería de mi barrio en Lugo ya no está donde estaba. Temí por su vida, pero la vi….vi el letrero y resulta que le iba tan bien que abrió en otro local, blanco inmaculado y con sus lamparotas poperas y sus rincones acogedores como la república independiente de Ikea, pero esta de Galaxia, Alfaguara, Ir indo, Anagrama…A ver si en estos rinconcitos, junto a la ventana por donde se oye y se ve llover, los niños se mecen y se centran un poco…que no odien el galego, pordió, que es muy muy muy demasiao y además tenemos una literatura que-te-ca-gas.

La librería, que se llama Biblos y me queda a cinco minutos, siempre la barro o la peino en mis visitas y contrarreloj antes de volver a Madrid. Pues vaya, mira qué modernita les ha quedado:

 

Y, como decía un profesor mío…”niños! Callarsus, sentarsus y estarsus quietos!” Ahí tienen sitito los niños, enfrente está la Escuela Normal de Magisterio, o como se llame ahora. Antes era la Normal o la Aneja. El caso es que tiene niños. A ver cuánto dura la gratuidad.

La última compra:

 

Este que destaco en primer plano, y menos mal, porque de los de atrás no se ve un carallo, es un autor camerunés y es su primer libro. Su título alude al callejón sin salida en que se sintió al llegar a España y no encontrar lo (bueno) que le habían contado sobre la emigración. Emigró, desenmigró, inmigró, volvió a volver porque su abogada le hizo mal los papeles…se licenció den Derecho en Camerún y le dieron una beca para ampliar estudios aquí. Pero se ve que las convalidaciones no están muy bien con Chile, imaginaos con Camerún. Total, que ahora está legalizado para vivir aquí, y en la UNED haciendo de nuevo segundo de Derecho, o acaso le convalidan algún pack o brick o set de la titulación. Y vive en Coruña y, como habla en galego, escribe en galego. Pa que veáis!

Su frase más tremenda en una entrevista: “De ilegal tenía más trabajo que ahora”. Es la honradez de los empresarios que se jactan de levantar el país y de que los lacazanes (gandules) son los empleaditos. Por eso cogen a esclavos directamente, y en negro, nunca mejor dicho. Qué asco.

 

 

 

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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