Meadas

 

Total, que si yo antes patrullaba como una policía de barrio, ahora hago lo propio, pero con perra. Y miro, y atiendo, y husmeo, y fisgo, y me asombro, de cuanto veo, oigo y huelo.

Y me digo: ¿A que los perros de antes meaban siempre en el arbolito?

Pues ya no. Habiendo papelera, contenedores, señales, alacenas de electricidad de alta tensión (y yo que sé si se llaman alacenas), ruedas de moto, tapacubos de coche, bolsas llenas de bolsas, cartones que huelen a pobreza y se disputan los pobres en sus noches…¿para qué mear junto a un arbolito, que es lo que menos abunda?

Ahora, si entrenarla ni nada, mi perra mea contra las vallas policiales. No sé por qué, pero quizás es que me lee el pensamiento. Máxime desde que, entre otras imágenes verdaderamente bélicas, vimos todos la del mosso pegando a un niño de 13 y una niña de 16. Su p…madre. Y otros tres o cuatro secundándole o mirando como voyeurs de guerra, que para eso llevan la porra en la mano. Todo muy obsceno.

Al paso de los uniformados la voy informando a la par que instruyendo: mira, más matones. Mira, otro secreta, qué pardillo, simulando hablar con su jefe de una empresa de reformas y construcciones. Pantalones de chándal y cazadora de polipiel. Todos con el mismo tipo de cable de móvil salvo los que gastan pinganillo de telediario.

Ayer, la huelga me llevó a patrullar como nunca. Menos por mi peluquería, que no quisiera descubrir que abrió sus puertas, pasé por Chueca, Malasaña, Sol, Gran Vía, Red de San Luis, Callao, San Bernardo, Alberto Aguilera…Eva Hache tenía abierto el bar y puesta la terraza. A no ser que el Hache ya no sea de ella. La Central, no sé si por catalana o por tendencia europea, estaba cerrada, al contrario que  la FNAC, europea pero mimética, funcionaba no sé si con o sin fortuna. Cutres. Claro, con una decena de coches policiales al lado, así cualquiera.

En Malasaña y también más por mi zona (calle de Santiago, por ejemplo), había establecimientos cucos, o sea, riquiños, que tenían un cartelito en la puerta: Cerrado por huelga general, nosotros vamos!

La tienda de novias (sí, venden vestidos con novia puesta) de enfrente de casa, si no abre, revienta. Así que abre siempre. Lo que demuestra que, piquetes o no, el que quiere, mayormente los potentados, puede lo que quiera. EL Corte Inglés no sé si vendió mucho, porque últimamente lo veo yo muy chuchurrío de abastecimientos y siempre están “esperando mercancía, desde galletas de chucho hasta cinta adhesiva, pasando por velcro de doble cara, copas de vidrio grueso (de las que no soy capaz de romper)…ni siquiera un helicóptero, con lo que la policía debe de comprarlos en el extranjero. Excedentes de las guerras de Iraq, de Afganistán y la Tercera guerra Mundial. Fascistas, en cualquier caso. Fotógrafos de precisión, delatores de seres libres y malos contables de participantes en manifestaciones. Estos lepidópteros, o licántropos voladores son el orgullo del gobierno. De cualquiera, ¿eh?, que al anterior también le molaban. Pero menos. Ahorraban más que estos de los “presupuestos más sociales de la historia de la democracia2, escuela Shauble y, por tanto, Merkel, y presunta antiescuela Christine Lagarde.

(Inciso para contar que mis vecinos transeúntes de al lado están echando un polvo y solo se le oye a ella).

Los chinos, en general, cerrados. Escena: chavalín paseando con su padre que le va enseñando lo que es la huelga, por la calle Espíritu Santo, Malasaña. El niño le dice a su padre, fascinado: ¡los chinos también están cerrados, yo la estoy flipando!

Ya por la mañana, Sol está lleno de policía. Con perros negros, entre otros agentes con pinta bestiajos. Algunos no, y charlan con las chicas que se paran ante ellos, morbosas.

Policía que desapareció por la tarde para concentrarse en torno a la concentración de seres libres, varios cientos de miles que en las televisiones de la TD Party redujeron a 35.000 (eso sería en Villablino), y todos unos bárbaros, según el inefable Hermann Tertsch, que ya grabó el día anterior su evaluación de la huelga…y le pillaron. Ese hombre perdió la inteligencia en un vaso de whisky. Luego se queja de que le peguen en las copas, y la Aguirre le echa la culpa a Wyoming.

Por la mañana ya llevaban unas tandas de palos propinados por ahí. A las diez, un chico con la cabeza ensangrentada (al menos no era menor, como el de Tarragona). Y todo petado de secretas. Cada vez nacen más secretas, o surgen de los sumideros de mierda.

Paso por la calle Ballesta y una prostituta joven y negra le da un trozo de empanada a mi perra. Qué le iba yo a decir, si se quedó sin la mitad del desayuno. ¿Que tengo a la pobre animalilla a dieta, como le prescribieron para que no se le doblaran las patas de corredora bajo su barrigón?

Y a lo que iba, con lo de las meadas: los (hombres) se manifestaron con tanta entrega que ni rompieron filas, lo habitual, para salir a mear en cada calle adyacente. Parece que se vislumbra algo de civilización masculina. Porque los tíos mean como los perros, en cada esquina, en las copas, detrás de los coches, de los contenedores de la calle y de las áreas de descanso de las autopistas. País. Hasta en México, un amigo mío casi pierde el avión para visitarme porque lo había hecho en la calle y lo llevaron un rato al calabozo. Le estuvo bien.

  

 

 El zeppelin de CC.OO., que no sé cómo no se les desinfla, de la vergüenza 

        El lepidóptero

Ayuntamiento. Consigna: “¡Esa Botella, al contenedor!

 

 

 

 

Siempre hay un ciclista, de esos que tanto les tocan las pelotas

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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Una respuesta a Meadas

  1. Sereno Inquieto dijo:

    Delicioso post. Lo he tenido que releer un par de veces porque se me ha hecho muy corto. Así que he repetido.

    Genial lo de los lepidópteros y las novias en “venta”. Y enternecedora la escena de las vallas policiales y la oportuna meada de esa perrica tuya que ya me tiene como eterno admirador.

    Lo dicho, un gustazo poder leer estas “crónicas” tan frescas y reveladoras. Voy a releer de nuevo, que lo de Tertsch me ha dejado pensativo: en mi pueblo dicen que “para saber beber hay que saber mear”, y este personaje está claro que micciona de forma compulsiva y en cualquier sitio.

    Gracias.

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