Trabajo= almacén de tóxicos y explosivos

 

                                         Are they doing the pelota?

Con tanta música y tanta gaita me había olvidado del culebrón por un rato. Los cambios siguen sucediéndose en la radiodefecación pública, ese medio de comunicación que ni lo es ni lo parece. Y las sorpresas son mayúsculas, cuando parecía que ya no podían ser sorpresas.

Algunas son muy graciosas en su evolución. Hoy me he enterado (hoy he conocido, como dicen los periodistas) de que otra persona más había sido convertida en no sé bien qué, pero por lo visto va a coordinar algo. Esos puestos, coordinador-a y demás zarandajas, vienen muy bien para hinchar los resultados de la lotería y repartir más premios…a lo que sea. Bien es verdad que muchos llegan producto de la mendicidad vergonzante: “necesito pasta, dami argo pa leche pal nene y un móvil con android pa la nena…”, “a ver si me hacéis un apaño, que mi marido no me pasa la pensión y mi sueldo SOLO es como el de todos los demás”, “me cambio de piso, anda, dame al mes lo que me falta pa completar el alquiler del nuevo, que tiene portero físico”. Y, por no oír cantinelas, les sueltan el parné con el papel que lo acredita. Eso se llama dignidad, por ambas partes.

Pues bien: la persona de que hablaba, que desde hoy es una cosa que hasta ayer no era (en lo demás sigue igual) venía siendo en la última temporada extraordinariamente habladora y amigable conmigo, no habiendo tenido nunca una gran relación, ni buena ni mala. Me extrañaba mucho pero tampoco veía ningún motivo; el sexual no lo había, desde luego, o lo habría notado porque soy muy epitelial. En fin, ahora me doy cuenta de que nadie me quiere si no es por el interés…de que no le caricaturice en uno de mis correos apocalípticómicolacerantes, dirigidos a todo el elenco circense con el que trabajo, pal que los quiera abrir, claro.

Así, se supone que ahora, en mi proverbial candor (bastante de esto hay, no obstante ciertas manifestaciones que hacen creer lo contrario), debería tener impresa en la cabeza esa reciente relación de laboratorio de las últimas semanas, y hoy tenía que estar requetecontenta por la susodicha persona. Pero…qué contento me puede dar que alguien que cree que en un transatlántico cabe un millón de personas vaya a coordinar algo?

¡OHJESUSDIOSMÍO!

Más cositas observadas hoy, con mis ojos delanteros y los que tengo en la espalda, con mis oídos tetrafónicos y mis dotes para la etología (sí, sí, el estudio de la conducta animal): hay uno que todos los días pasaba por detrás de mí para cruzar el pasillo, y no concluía su ruta sin plantarme un sonoro beso en la base del cráneo y repetir lo de ayer y anteayer: hola miamol, soy yo tulobo….

Pues hoy no. Ni en días anteriores. Le han nombrado algo. Ahora me escapa o se pone nervioso o mira para el suelo por si se le ha caído la cara de vergüenza. O pasa de puntillas y, desde luego, ¡ya no es el lobo! Ay, que me parto la caja, como dicen los graciosos.

Pero hay más. Otro ser “muy rebelde”, pero siempre en bajito, lo primero que me dijo al verme después de ser (también) nombrado algo, no muy arriba pero con pasta, fue: ¡eh, a ver si damos un golpe de estado!

¿De estado? En estado de gracia, es lo que están ahora los ex apenados, castigados, rebeldes, humillados u ofendidos. La gracia que tienen en salva sea la parte. ¿No se ven desde fuera? A mí me parece una comedia de Alfonso Paso. Entran por una puerta, salen por otra, se ocultan tras el biombo, se esconden en el escobero, tartamudean con los nervios, se les escapa el inconsciente…y, al final de cada mes, cobran su peso en oro. Lo que me recuerda a uno, muy humilde, que recién terminado su contrato se despidió de todos en un mensaje escrito que decía: “entré en esta casa sin saber casi nada y salgo valiendo mi peso en oro”. No era “valiendo”, era otra cosa, pero a los efectos semánticos bien vale. El tipo lo decía en serio.

¡VÁLGAMECRISTO!

Es divertido que se te disculpen de repente ¿decenas? de individuas y personajos a los que apenas has dicho buenos días y ya se disparan “es que mira, la verdad yo no quería, no sé si estaré a la altura, no sé qué habrán visto en mí”, “me reclamó perenganito, y eso que no es amigo mío ni nada”…

Bueno, pues ante la duda…piensa en Buda. Ante la inseguridad, saca tu maldad. Ante el ajeno asombro, ¡tócate el hombro!  Ante el rechazo…¡dona tu bazo! (Ni Asuracentúrix el bardo hubiera rimado tan bien).

Aprovecho esta temporada para mis prácticas de frenología. Si es cierto que los psicópatas, los delincuentes natos y los orates tienen una especial configuración o disposición de las orejas, la frente o el occipucio, ahora es cuando puedo tomar apuntes y los tomo. Mira, pues es cierto que esa sin lóbulos en las orejas tiene tendencias aniquilatorias. Oye, aquel carente de lóbulo frontal (esto ya es muy duro) carece también de inteligencia moral. Oh, y por allí va el Trío de la Bencina (eso lo decía mi abuela, que se lo trajo de Cuba y significa que menudas tres patas pa un banco), y observo que tienen la nuca como los jíbaros nacidos en día impar…hum….de ahí la ambición paliativa del vacío del que adolecen.

También me han venido quienes traían una misma pregunta machacona. Esa de que “oye, a ti no te gustaría más estar haciendo otra cosa y tal…”. No sé si me están llamando resignada, tontalbote, mediocre, carente de ilusión o si me están preguntando si la suerte y mis superiores me han dado calabazas. Como se supone que todo ser inteligente busca algo a la medida de su cacumen, y los que no revuelven los Kellogs no se los comen mojados*

…..¡concluyen que mi inteligencia es la de una primate!.

No por no tener aspiraciones, sino por no ser capaz de explicarme: ¡que no me gusta el periodismo, no me gustan las fuentes, no me gustan las tragaderas de la audiencia, no me gusta ni sé decirle a nadie lo que tiene que hacer, ni siquiera sé lo que hay que hacer, y no me gusta que la información sea una mercancía; no me gustan los medios, no domino ningún campo, no sé administrar el tiempo, no quiero trapichear con favores ni ser cómplice de las noticias que se hacen y de las que se callan! ¡Y no quiero ser convergente, quiero ser totalmente divergente!

¿Convergen o trabajan?

Mi vida está fuera de ahí, mi tiempo, mis cultivos mentales. No soy ni como Iznogud el Infame, que quiere ser califa en lugar del Califa, ni como los empleados de Google (se nota que estoy leyendo “desnudando a Google”, que es un coñazo), que gustan de vivir en un igloo de colores en su propio trabajo y comer el menú orgánico en uno de sus siete restaurantes.

         

Si volviera a nacer y fuera cierto que uno puede renacer diferente, hubiera sido más arrojada y creativa y buscado mi sitio en otro sitio. Desde luego, hasta amasar pan es más creativo, más sesudo y más emocionante que ser periodista hoy. Además, yo no soy eso. Soy una taquimecalavandera.

Confieso que he pedido. Pedía una silla ergonómica, o sea, normal, con su respaldo, sus brazos y sus ruedas en orden. Esta estaría bien. Ay, no, que no tiene brazos. Pero que se sepa: ¡yo también he pedido! Pedía sillas para todo el Kindergarten. Y ni flores. Qué mindundez la mía.

Pues nada, seguiré observando orejas, midiendo narices, pesando codos y diseccionando  hemisferios cerebrales. Quiero saber en qué circunvoluciones exactamente se alojan la envidia, el recelo, el talento para el bulo, la dignidad, el empeño, la honradez, la vocación, la ecuanimidad, la sinceridad, los celos, la megalomanía, el celo profesional y la vagancia idem.

En sucesivos episodios exhibiré una amplia, brutal y reveladora recua de argumentos y motivos por los que, para mí, el periodismo (institucional, amarillo, propagandístico, frívolo, somero, comercial…no se me ocurren más) embrutece al que lo perpetra y al que lo consume. Poco queda. Y no me da tiempo de encontrarlo. Como decía de pequeña, después de apagar la linterna con la que leía bajo las mantas, agotado el ciclo diurno por orden paterna: “¿Y me voy a morir un día…sin haber acabado con Hans Christian Andersen y los Hermanos Grimm?”

No era repipi. Era neurótica. Ahora lo llevo confortablemente, porque creo que antes de morir habré leído todo Marcial Lafuente Estefanía. Al que los periodistas al uso no conocen, porque son de consumo más docto.

*una expresión que me acaba de nacer ovovivíparamente, sin significado ni causa, con fines meramente ornamentales y para no parecer una simple.

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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6 respuestas a Trabajo= almacén de tóxicos y explosivos

  1. Hola Matesa. A ver si esta es la definitiva (llevo días intentando comentar en tu blog). Sólo quiero dejar escrito mi reconocimiento y reverencia intelectual. Para conocer la “idiotasincrasia” de RTVE no hay mejor espejo que leer tu blog. Besos castos (¡que ya leo que tu epitelio está a flor de piel -que no de hiel, como la de otros-

    • Hola, neno, a mí me pasó (creo que no todas) las veces que quise comentar o, más bien, jalear, en tu bloguiño….ya ves que yo no sé darle forma a nada, este es un carpetoing desordenado y amorfo, asimétrico y descolocao…pero coño, al menos estoy aliñando un poco con musikiki, que la tuya me hacía la boca agua!
      ¡Ay, mammaíta querida, qué gran momento histórico! No veas lo que me he “reído” con lo que os han traído los Reyes Magos a los pobriños del centro de Sevilla…mira que lo había pensado yo, ay, jajaja, qué risa histérica la mía!, pero luego, como el “regalo” ese es un pavipollo de ná, me olvidé de él. Y mira tú. Al menos ¿habrá aprendido a distinguir entre las manifestaciones de duelo por las víctimas de fascistas (bufete de Atocha) y las de alegría de los fascistas (mítin de Blas Piñar)?. Esa fue sonada, y encima le extrañó que a alguien le pudiera parecer un tremendo error…andaba dolidísimo el chaval.
      Pues cuando me dieron a mí el desabrido toque por el correíto de los toros lo primero que pensé fue en ti. Me dije: ahora va Roberto y manda algo y también le pasan el avisito. Me gustaría más que el tipo me hubiera contestado en público, pero son muy listos. Sigamos viendo qué pasa. Y comentando.

  2. Martino Rosso dijo:

    Yo veo más que reflejado un organismo o un onanismo, veo reflejado al mundo enteiro. Matesa es la Shakespeare del blog.

  3. cinismo dijo:

    Dices:”para mí, el periodismo (institucional, amarillo, propagandístico, frívolo, somero, comercial…no se me ocurren más) embrutece al que lo perpetra y al que lo consume” Puedes sustituir el primer sustantivo de la frase por los siguientes: “educación”, “sanidad” -esto por dar un par de ejemplos pero hay muchos más- Creo que “amarillo, frívolo, somero, comercial” es un buen haz de adjetivos para describir este nuestro pais que nos toco no sé si en suerte o en desgracia.
    Y en este general ambiente de comercialidad y frivolidad ¿qué hacer?. Por ejemplo, buscar consuelos: “Si volviera a nacer y fuera cierto que uno puede renacer diferente, hubiera sido más arrojada y creativa y buscado mi sitio en otro sitio.”
    Mi pregunta es ¿dónde? porque como decía la anecdota de Rivas… estaba una pescadora recogiendo cangrejos en una playa, pasó una extranjera por allí (era un extranjero y un pescador pero digo extranjera y pescadora ya sabes por qué, cuestión del derecho a ocupar el espacio de la representación). Y bien, la extranjera le dijo: tenga cuidado, hay un cangrejo que trata de salir del cubo. La pescadora le respondió: Pierda cuidado… son gallegos cuando uno trata de llegar arriba los demás se encargan de tirarlo abajo. Quizás de eso se trate: en un país en que hay trepas que invierten mucha energía en llegar arriba y muchos cangrejos que tiran de ellos para abajo a la gente inteligente y creativa solo le queda el recurso de mearse de risa viendo el espectáculo (eso o largarse de país)
    Bicos, ma chere!

    • Lo de si volviera a nacer es como lo de no me arrepiento de nada, palabritas. Siempre se contesta que si volvieras a nacer volverías a hacer o a omitir lo mismo. No sé yo, la réplica es tan hipotética como la afirmación que la introduce. No es que haya hecho el tonto por miedo o por desconocimiento de las consecuencias y del futuro. ¡Es mucho peor que eso! ¡Todo por vagancia, desorden, dejadez! Porque, en realidad, ni siquiera es que esté haciendo lo que tenía como objetivo y que ahora me tenga hasta las huevas. Es que no tuve objetivos porque miraba pacá, pallá, y me paralizaba la indecisión. O la procrastinación, de la que hasta tengo una entrada en este blog.¡Y que parece una palabra disléxica per se!
      Y lo de no arrepentirse de nada, eso será para los que han solido actuar conscientemente, pero no es mi caso. Yo….¡una inconsciente total, que no ha caído en abismos porque la suerte la escolta, y esa sí que es una escolta formidable!. ¡Uf, qué suerte tener tanta suerte! No me he jugado pocas veces el pellejo y mi yo entero. Me arrepiento de casi todo, jajaja, por defecto. Parezco una católica de golpe en pecho. Y termino: ¡jijijijiji!

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