He vuelto y no me lo creo

Vamos a ver, que me alegro de haber llegado con bien. Pero nada más. Hoy ya me ha tocado escuchar sandeces de un ministro español para sacarle un totalillo (una sandez) que echarse a la boca en el informativo de no sé qué hora, y no la sé porque yo hago las cosas y después no las veo. El ministro era el de la defensa de Ejpaña, y menos mal que solo es titular, porque si nos tiene que defender él me entra más miedo que diarrea. Resulta que estaba en Berlín, él, no yo, y estaba allí para hablar de todos los temas con su homólogo alemán (así lo dijo, “hemos hablado de todos los temas”, qué bárbaros, en solo media mañana), pero yo solo he podido medio soportar algo sobre Siria, algo sobre el Sahel, algo sobre la Unión Africana y algo sobre los carros de combate Leopard, que son de patente alemana pero por lo visto los vendemos nosotros, si nos los compran. Que lo dudo, porque ese señor, Morenés, se llama, le ha estado comentando al homólogo que hay posibilidad de vendérselos a Arabia Saudí, ya que el parlamento alemán ha vetado a su propio gobierno para hacerlo. Nosotros, como no hacemos lo que hacen otros y hacemos lo que no hace nadie (eso me suena a hacer el tonto), sí que los tenemos en el mercado, pero, según el propio ministro, los saudíes aún no han hecho el menor gesto de demanda. O sea, que si nos los piden, se los vendemos. Si no, nos los comemos o los reconvertimos en lavadoras ecológicas, que es lo que se hace con el armamento para recibir el perdón de Dios. Pero no de Marte, el dios de la guerra, sino otro, el de Gallardón, el de Rouco, el del papa Nazinger. Así que, ni corta ni perezosa, me dije: esta es la declaración más interesante del día: Ejpaña vendería leopardos de combate a los wahabitas si estos se los compraran.

Aún podría haber sacado otra frase más interesante, esa en la que nuestro ministro (pal que lo quiera) decía “creo que estamos muy preocupados…”, o sea, si hasta se lo creen, para que luego digamos que lo que dicen no se lo creen ni quienes lo dicen. Pues eso, que cree que están muy preocupados por todos y cada uno de los apocalipticomerciales asuntos que despacharon los dos en Berlín. ¿Y para eso he vuelto? Ese trabajo lo podría hacer hasta un becario, de esos que al año siguiente son tu jefe.

El viaje de ayer, en autobús, fue como tienen que ser estos viajes. En primer lugar, en los asientos del fondo, había una señorita que por el minishort enseñaba hasta  teología más oculta y, no contenta con eso, se descalzó para enseñar los pies y posar uno de ellos sobre el reposacabezas del asiento de delante, en el que no viajaba nadie, afortunadamente para alguien.

 

Como la muchacha no renunciaba a la entrada del sol por su costado oriental (yo iba en el occidental, y delante), los rayos me alcanzaron a mí, y hui al otro lado del pasillo donde podía protegerme con una cortina…cuajada de partículas sólidas trituradas, que no quiero saber lo que eran, pero seguro que salidas de un cuerpo humano.

    

Lo que se ve a la derecha es una botella de agua, obviamente. La que yo iba viendo desde que salí de Betanzos hasta que llegué a la escala de La bañeza y puede comprar una para mí porque iba deshidratada. ¡Madre mía, qué fácil es convertirse en ladrona! Ahora entiendo a los de Bankia, los de la SGAE, los de la gran patronal, los de las cajas, los de Inditex y Mercadona, los de Ikea y los trileros. A punto estuve de decirle al propietario del agua que le llamaban por teléfono y que tenía que ir a cogerlo al asiento del copiloto. Mientras, yo, sagaz como soy, me disfrazaría de tórtola y volaría, etérea, ligera, emplumada, célere, hasta el asiento 27 y me apropiaría de la botella con mi pico de oro.

Pero…alicaída como estaba, no pude volar.

El viaje me deparó más cosas. Afortunadamente, tenía este portátil en mi regazo, este que me proporciona tan grandes satisfacciones como la de su duradera batería, que me permite estar viendo mis series favoritas (y pirateadas) durante todo el viaje. Sí, señoras y señores, este macbook pro es prodigioso. Casi siete horas que dura la batería, más o menos. Así que me vi un montón de episodios del Señor Monk y sus pintorescos casos. porque si llego a esperar por lo que pasa por la pantallita del ALSA, ya podía esperar: el mapa de la ruta, apasionante como la que traza un avión que sobrevuela las Barbados, pero aquí estamos hablando de otro trazado, el de Riosequillo a su paso por Mastodoncia de la Cisterna. Por ejemplo. Promociones de los últimos videojuegos, videoclips de la mejor caspa del pop mundial, autopublicidad de ALSA y su wi-fi gratis (que nunca tiene cobertura), documentales de vértigo sobre deportes de riesgo para discapacitados de la realidad, de trajes regionales sardos y de bodas corsas. Consejos para mi propio confort: recline el asiento o póngalo derecho, pero siéntese de una vez. Trailers de las películas habidas y por haber siempre que se trate de mundos oscuros (literalmente), vikingos del futuro que se cargan a la humanidad con rayos láser, universitarios que celebran despedidas de soltero por todo lo…más bajo, familias de traca con Steve Martin ya haciendo de bisabuelo, dibujos animados de heroínas japonesas con alisados japoneses, o ejecutivos texanos que le guiñan un ojo a una recepcionista de hotel y le dicen: oye, pequeña, ¿esos globos son tuyos o del cumpleaños de tu hijo? Imagínense a la recepcionista, con dos prótesis mamarias gigantescas que cubren todo el mostrador mientras ella se afana en que dejen un espacio libre para el bolígrafo y el libro de registros.

Y mientras el paisaje iba corriendo, porque yo estaba quieta, deglutí mis capitulitos del simpático Monk y su ayudante Sharona, que en mitad de la serie cambia por otra que no recuerdo cómo se llama pero es más sofisticada, dentro de lo que cabe. Con lo cual yo prefiero a Sharona. Pero el paisaje lo dejo para la próxima entrada de este atinado blog.

 

 

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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