Llegan los mineros. ¡Ellos son nuestra Selección!

No creo que nadie en esta crisis (definitiva) me vuelva a hacer llorar como los mineros. La marcha negra llegó a Madrid y la recibieron miles y miles de personas en la nocturnidad y la emoción, y con el reloj apagado. Sí, el que da las 12 putas campanadas en Nochevieja. Sí, esa noche que se ensaya durante dos días a todo volumen y toda luz y en la que nos invaden los turistas italianos mazaconas que vienen en viaje barato en pos de scaldabagni (ya saben, ese término peyorativo para las mujeres, que aquí se llama algo más feo y allí calientabaños).

                                                                                                         Lo hizo apagar la bicha que manda en la comunidad de Madrid. ¿ Que no?

Pero las cosas ocurrieron igual, los mineros llegaron a Madrid, fueron aclamados, y que un rayo parta a esa especie zoológica contranatura que es la derecha y a esa otra que es la falsa izquierda y que lo privatiza todo y que sisa de la compra. Y que ahora apoya a los mineros y quiere que el gobierno de ahora ponga esos 200 millones para poder terminar el año en las cuencas donde se extingue ya el trabajador del carbón mientras en Alemania se mantiene. ¿Se habrán enterado en Moncloa, La?

Empezó la espera en la Puerta del Sol. Pero se oyó que traían mucho retraso porque se atascó el tráfico en la A-6 por Moncloa.

   

 

Harta de esperar, fui a verlos llegar a la Gran Vía.

 

 

 

Ya vienen, entre el tráfico y un gentío que se les ha añadido, y más que se les va juntando. Son como el flautista de Hamelin, que esta noche lleva los cojones de todo el país.

 

Detrás de ellos, miles. No tantos como para recibir a La Roja, pero nosotros habíamos elegido diferente: “Estos son nuestra Selección!”

 

 

 

El himno de los mineros, con redoble: santa Bárbara bendita, tralará lará tralaráaaaa!

Bueno, y qué más voy a contar, que yo lloré más que en una de los Hermanos Marx que vi en el cine y me entró la tontuna cuando pensé: “¡diosmío, una película tan de para reírse y yo aquí sola en el cine, qué sola me siento, buaaaaa!” Y me comí los 250 gramos de chocolate trufado, todo churreteado por los lagrimones. Groucho me guiñó un ojo desde la pantalla y me dijo: ¿”tú eres tonta o qué”?

 

 

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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