Hombres malos

Estos días vuelve a haber cochazos ante el Casino. Hoy había unos 13. Poquísimos. Al bajar del bus me he cruzado con un señor en bermudas que les decía a un chico y una chica que le acompañaban: “…y todos son coches oficiales, todos oficiales, ¿veis?, o sea, que no son suyos”. He estado a punto de meterme en la conversación, siempre lo hago cuando me tientan (me tientan sin darse cuenta), para decirle que eso no es nada, cuando hay que asustarse es cuando hay treinta, porque eso significa que toca Día de Destrucción del Estado, esos días en que se reparten bicocas y legislan barbaridades totalitarias para desgastar más lo que queda, que es poco.

Añado que si no me he metido es porque estaba muy ocupada con un mentolado en una mano y sacando la camarita del bolso.

Como decía ayer, las fotos son de caca de la que caga la gata, estas especialmente, pero ¿cómo, si no, iba a recordar las matrículas de memoria?

  

Como veis, el primero de la derecha de la foto derecha es humildísimo, Debe de haber alguien decente en las filas de algún partido, pero así va a durar poco. A un amigo mío, directivo hospitalario, le reprendieron severamente porque volaba en clase turista y debía hacerlo YA en business class, o qué se creía, que podía desprestigiar él solo a toda una clase sociopoliprofesional?

Y ahora, fijaos en esta otra foto:

¿Quién es ese ciclista? ¿Por qué pasa uno o una en bicicleta cada vez que hay cochazos aquí aparcados? ¿Son espías como yo? Ellos se disfrazan de ciclistas y yo de turista japonesa, confiando en que sea verdad, como me dicen, que tengo los rasgos un poco achinados (yo diría kazajos, mongoles o tibetanos, que son más de aldea). Claro que las japonesas tampoco son chinas, pero yo pongo la cara como puedo, agarro la camarita y apunto a los caballos aquellos del tejado de enfrente (los de la peli “La comunidad”) pero disparo a los coches de los hombres malos…

….y  a otros hombres malos. Por ejemplo, y acabaré haciendo fotos policiales, este fulano de procedencia casposoinfernal:

  

Este es uno de esos que andan por la Puerta del Sol pregonando comproro comproro (no es de la plantilla de Los Payos del Oro, es de la competencia) y lamiendo con la mirada y quién sabe qué ondas lúbricas a las mujeres que pasan y le gustan.  Por ejemplo, yo tengo la suerte de no gustarle. O será que sabe que estoy a punto de convertirme en testimonio fotopolicial de los de su calaña, y no se quiere meter en líos. De frente no lo retrato ni de cogna, porque me coge y me hace astillas. De momento no lo he visto tocando, pero sí  larga, medio en alto medio en bajo, unas frases que avemariapurísimadiosnoscojaconfesados, y que no agota hasta que la mujer en cuestión se pierde en el horizonte, y a fe mía que debe de tener buena vista, porque el discurso le dura y le dura. Se acerca a ellas (a mí no, ¡bieeen! Será que aún llevo puesta la cara de oriental y no le gusta), casi roza, amedrenta y violenta. Se gira a medida que se alejan y se queda blablablabla con toda su santa cara, y qué cara. No es de los que dicen “guapa, cosa linda, bellesa” y esas cosas casposas, no; cosas obscenas, violentas, desvestidoras. Cerdo.

Como podéis suponer, la chica que se ve de espaldas fue objeto de su seguimiento lascivo, y después ella le pasó el testigo a la mujer de fucsia que viene enfrente. Cuánto trabajo junto, pensaría el guarromán.

Y llega un momento en que sospecho todo y de todos. Por ejemplo, les costó mucho a algunos amigos míos convencerme de que este es buen chico aunque te ofrezca helados: tranquila, no llevan droga! Pues sí que debe de ser buen chico…helados del Palazzo, de tres bolas y gratis!

Hoy también he avistado un diosero. Dícese de los que predican a gritos desprovistos de sentido, girando todo el palabrerío en torno a un tal “el Señor”. Que si el Señor te perdona, que si el Señor te ve y te oye aunque estés escondido, que si te pasas el día ofendiendo al Señor…ay, por Dios (este es primo del Señor), qué grima!

Los hay que te regalan estampitas, los hay que no. Hay una tribu que se reúne, o reunía, detrás de mi casa, y repartía bocadillos y refrescos a hombres, solo a hombres, que les seguían camino de la gloria.

El de hoy no llevaba traje, al contrario de lo que suelen, excepto la pareja jovencita que anda también por este blog. Unos trajes que no son de Armani ni de Cavalli, pero son igual de reconocibles. Creo que son de Salveishon Army Outlet For Sale Barrato.

Y tal como lo avisté, más solo que la una, así y allí se quedaba, gritando sus gritos sobre el Señor. Poco puede imaginar que si el Señor nos ve y nos oye a todas horas y en todos los lugares, esta espía que lo es patrulla mucho más que el Señor y ve más cosas y a más personas, incluso a él lo veo y de él escribo. ¡Chúpate esa!


Me ha parecido ver una tilde mal colocada por ahí, una tilde excedente. Pero no pienso releer para comprobarlo. Perdón.

PD. He quitado la tilde.


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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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