Fuencarral

Y entonces me fui a comer con mis amigazos, amiguísimos, X.L. y L., a su casa en Fuencarral. Qué casualidad: me explican adónde se han mudado, procedentes de Mateo Inurria, y resulta que conozco su calle, las aledañas con nombres de islas (Java, Británicas, Rodas…) y varios sitios de Fuencarral pueblo. Lo datan en 1200 y pico, y desde 1951 pertenece a Madrid pero antes era, efectivamente, pueblo.   

Resulta bastante rarito cómo alguien que no es de Madrid puede conocer tantas calles y barrios mientras otros que sí lo son conocen su barrio y el centro, o solo su barrio, o su casa y el trabajo, o sea, ni siquiera las cañas de su barrio… y se dan con un canto en los dientes. Pues ya pueden estar “orgullosos”…

Yo estoy en el primer caso. By chance. Cadra que cadrou así. Por casualidad: porque el tío de una amiga me invita a unas jornadas de flamenco, porque voy a buscar a otra amiga cuyos amigos la han invitado a casa de unas amigas de otros amigos de los primos de la novia de Frankenstein…después voy, o reviento, a conocer el restaurante gallego auténtico que ahora regentan unos chinos y sigue siendo gallego y tan auténtico (el lacón tiene ojos almendrados), un día voy a que me coloque los huesos el digitopuntor (ciego y certero, el famoso Miguel Ángel) experto en ciclistas…como yo, jajajaja! Creo que cuando mejor monté yo en la bici fue cuando tenía seis años, pero aún mejor lo hacía con cuatro en mi triciclo rojo y crema. Es más, entonces me hacía transportar en el puesto de atrás por Quiquito S., que me llevaba dos años, creo, y del que estaba enamorada. Yo creo que era pasión, más que amor. Solo que nunca me dejaron dormir con él por más que lo pedí. Me decían que su cama era solo de uno, y yo insistía en que era muy pequeñita y cabíamos los dos. Nada. Y menos mal que no me pegaron un guantazo, empezando por el propio Quiquito, por ser tan vieja verde…de 4 años!

Total que, burla burlando, Madrid fui controlando. Fuenlabrada, Fuencarral, Usera, San Blas, Vicálvaro, Vallecas de arriba de abajo del medio y El Pozo, Moratalaz-Valdebernardo, Carabanchel, el parque de Atenas, el de Tierno Galván y el de Olof Palme, la Avenida de la Victoria y la calle Sandalio López…, la comisaría de Primitiva Gañán (creo que la más moderna de Madrid, y pardiez que lo es) el Búnker y el túnel del Manzanares, Cuatro  Vientos y el Parque de las Naciones, Barajas pueblo y…qué se yo.

¿Y por qué conocía el pueblo, la calle, el metro y otros detalles? El primer contacto fue un amigo de la infancia que se fue a vivir allí.  Después dejó de vivir allí y de ser amigo de  todo el mundo, sin que nadie sepa por qué, y clausuré Fuencarral por un tiempo. Entonces no había metro más allá de…Chamartín, creo.

Después reinauguré, ya con metro, el pueblo.

Bien, pues teniendo yo un portátil Vaio (PC) de Sony, ese a medio camino entre el PC y el Mac (al decir de algunos, pero más sería en la estética que en la “ética”), tuve que ir a repararlo al cuartelillo de Vaio. ¿Por qué? Porque era un invento tan pijo, lo querían dotar de tanta personalidad propia los de Sony, que tenía sus propios talleres (laboratorios, como dicen algunos), sus proveedores (a ser posible de Londres pallá, mejor aún si en Marte), sus piezas únicas-inimitables-gilinarices-tocapelotas…Si querías un teclado (entero) porque se te había fastidiado una (simple) tecla, tenían que pedirlo al País de Nuncajamás, y ya veríamos si te daban un keyboard para escribir en inglés o un bendito teclado para español, con su eñe y todo. Holy shit!

Boh!

Así que hice varias visitas a Fuencarral pueblo, porque allí estaba el taller. La ruta era: llegada al metro Fuencarral, subir una lomita, llanear una plaza, bajar la lomita, pararte a preguntar cosas a los extras y figurantes de la película, visitar el taller, remontar la lomita,  llanear la plaza, bajar la lomita, metro Fuencarral, y al centro. Por ejemplo, Fuencarral-Plaza de España= 20 minutos. Habida cuenta de la distancia que hay, tiene razón Espe (esa diabla con cara de merecer que le den unos derechazos, más que lo que ella tiene de derechaza), y solo por una vez, en que el metro de Madrid está muy bien.

Pero ojo, amigos: es caro, y le encuentro una falta de accesibilidad que no me parece de un país o de una humanidad ni civilizada ni humana. Oh, sí, hay ascensores en las estaciones nuevas y en algunas antiguas pero…no puedes ir a otros destinos si vas en silla de ruedas. Por no decir que no recuerdo haber visto nunca a nadie en silla de ruedas en el metro de Madrid. Así que no vayas en silla de ruedas, ni cansado, ni cojo, ni con un carro, ni añoso, ni con peso, ni  ciego, ni jodío porque sí. Y no solo por la falta de ascensores: hay tramos que parecen “Escalera al C¡elo” (Starway to heaven). Hay tantos puntos para que un forastero se pierda, que recuerda al cuento de Hansel y Gretel.

Todo lo cual yo aprovecho para cometer mi fechoría favorita: pegar la hebra o palique, o sea, entablar conversación hasta llegar a abrasar a mi víctima. Empiezo ayudando a llevar bultos, o indicando una dirección, o pidiendo permiso para acariciar al perro guía (antes llamado perro lazarillo, pero ya no porque sonaba tanto a ese señor de la Biblia que de pronto se levanta de la tumba y anda y te pega un susto de muerte a instancias de otro que después se muere y lo envuelven en una sábana bajera que no se cansan de analizar los gnósticos, agnósticos, creyentes, ateos y marchantes de arte del más allá…).

Después de ayudar, o bien pedir ayuda (y llegada a este punto de perversión dicharachera estoy pensando en llevar una maleta llena de piedras cada vez que viaje en metro), viene el blablableo. Y así conozco a una profesora universitaria de Perú que viene a hacer un doctorado; una madre africana jovencita con bebé (estas mamás con carrito son de mis mejores víctimas, porque cómo compensar sola el peso de los carritos con el niño dentro) que  me recomienda el restaurante senegalés Baobab, un señor ciego con su perro Buddy, tan simpáticos los dos. Los veía cuando todavía tenía a veces turno de noche y a las 7 cogía el metro en Manuel Becerra por explorar un poco la vida matinal…El dueño me dijo un día que Buddy nunca se pasaba de largo su estación,  que era infalible. Pero ja! Iban un día, como siempre, a la estación Banco de España (casi al lado de la ONCE), el dueño y yo sentados charlando, y Buddy espatarrado en el medio del vagón recibiendo piropos y caricias de todo el mundo. En fin, hablábamos de que el dueño (o viceversa: quién sabe si el perro no creía ser el amo) gustaba mucho de moverse los findes fuera de Madrid y tenía muchos amigos con los que irse por ahí, así que el sábado y domingo anteriores los habían pasado zampando delicadezas por pueblos castellanos diversos….Blablabla que te blablabla….y dice la voz del metro: PRÓXIMA ESTACIÓN: BANCO DE ESPAÑA. Pero tanto confiábamos en Buddy y tan encantados charlábamos su dueño y yo, que el can aprovechó, por primera vez en su vida,  para hacerse el longui y seguir tumbado como un alfombrón mientras el cambiante público le acariciaba las parótidas.

My God, qué culpable me sentí! Pero a mi interlocutor le hizo tanta gracia la novedad que no solo no estranguló a su lazarillo sino que le dio una galleta de premio por ser tan humano y capaz ¡por fin!, de equivocarse (sin querer queriendo).
Bueno, al final se bajaron en la estación siguiente, Sevilla, y quedamos tan amigos. A mí lo que más rabia me dio es que no me diera una galleta de premio, siendo como era artífice del episodio que tanto le sorprendió.

Espero que Buddy no se haya hecho un aprovechado sinvergüenza desde entonces.

¿Qué más cuento de Fuencarral? Que allí vi por primera vez en mi vida un hurón de mascota. Lo llevaba con una correa una chica, bastante choni. Me chocó mucho que una mascota hasta entonces tan yanki hubiera llegado a Fuencarral sin pasar por el Madrid del centro.  Unos amigos de Miami tenían uno…qué asco, son muy bonitos, son muy simpáticos, pero huelen fatal y no creo que ellos mismos se encuentren muy bien durmiendo en un hogar de familia humana. Por eso se vengan tirándose pedos, digo yo…o a lo mejor es el mero aroma de la piel que separa su Yo del exterior.

Eso ocurrió en la lomita. Y variando mi ruta en una de las visitas al taller de Vaio, es cuando descubrí las calles con nombres de islas.

Aquí escribe uno muy orgulloso de Fuencarral pueblo:

ttp://www.madridiario.es/2007/Mayo/madrid/madrid/18881/fuencarral-barrio-pueblo-reportaje-valverde.html

 Esta es la llamada Casa Grande, en el pueblo; y esta otra, la casa pequeña, según ellos, de X.L. y L., mis amigos. Yo creo que se pueden dar con un canto en los dientes ahora que no está Loira, que era una golden, grande ella:

 

 

Los llevé, cómo no. Gaspar, La Chica, Romino, Florencio (alias Ana Obregón, por las patas).

  

    

  Dejo a mis amigos totalmente drogados de escucharme…

Y aquí escribe la comisión de fiestas…a mis amigos los mataría, porque no me avisaron ni para la romería ni para los gigantes y cabezudos ni para nada. Los disculpo, con toda la razón, porque se les acaba de morir Loira, la perra-anciano. Tenía el esófago alto tosía como un viejo, me mataba a sustos. Sobre todo si la oía y no la veía, COF, AJJUM; tenía un ser humano dentro. De edad avanzada. Bueno, a ver, la página de la comisión de festejos:

http://www.fiestafuencarral.com/historia1.html

Y, EN HOMENAJE A LOIRA:

 

COF, COF, GGGGGG….CON SU BABA Y TODO.      ¡ADIÓS, LOIRA!

 

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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3 respuestas a Fuencarral

  1. pois eu cando chejei a Vigo vivía ca Ana na rua Carral, chamada así porque nela está a porta Gamboa (da vella muralla), na que morreron os mártires de Carral -inda q o millor xa se chamaba antes asi porque senon serían somentes “mártires”, en espera de que a rua adoitase o nome “Carral” e así poideran seren eles “mártires de Carral”

  2. ay, pues no! Era otra cosa:
    Coñécense como Mártires de Carral os militares sublevados en varios lugares de Galiza en 1846 contra o presidente Narváez que foron executados na vila coruñesa de Carral.
    http://gl.wikipedia.org/wiki/M%C3%A1rtires_de_Carral

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