Mardito parné

Salí de trabajar y volví a casa en el 15, como siempre.  Iba leyendo, como siempre, o al menos con la cabeza encima de un libro, como siempre. Sí que iba leyendo porque recuerdo que Paul Auster contaba el sinfín de heridas y cicatrices (físicas) que habían marcado el paso de sus años. Es que se dio porrazos con todo y contra todos: que si el béisbol, que si los dientes de un niño, que la la pata de una mesa…eso ahora no pasa. Nunca veo a un héroe miniatura escayolado. Con la envidia que daban los héroes escayolados mientras una solo repetía sus so-called pupas producto de caídas, patadas fraternas o rocas de la playa. En este último caso podías quedar muy digna explicando que “te habías ido contra un acantilado”, mucho más sugerente que “me pegué un rascón con una roca en la que había meado mi hermano”. En cuanto a las heridas por patada fraterna, las había hasta de tercer grado, atendiendo a su gravedad, y de tercera intención, según el hermano te la propinase con la idea de avisarte, la de herirte o la de matarte. Incluso una vez recibí una de cuarto grado, que pretendía rematarme, pero solo alcanzó a ahondarme la pupa y convertirme a mí misma en un discurso repetitivo: “parece que es la piel colorada, pero es SANGRE, SANGRE de verdad, y no es la piel, acércate, acércate, se me ve la CARNE y no es pupa, es HERIDA como las de los accidentes”. Entiéndase que para un niño o una niña solo existían los accidentes de coche, y a eso nos referíamos. Partirte el brazo o abrirte la nuca no eran accidentes, sino la vida cotidiana.

Rango adulto, creía yo haber conseguido con la herida-no-pupa-no-piel-sino-carne. Y sí, es cierto, hace más adulta una laceración infantil a cielo abierto que un empleo. A mí me está volviendo pueril sentarme todos los días en una silla que circula mal, encender los aparatos de mentir, darle vueltas a la cara y a los ojos para que M.M. se muera de terror en la silla de enfrente, o por lo menos se vaya por la pata abajo…y simular que me estoy tomando en serio lo que hago, como si la existencia mía y la de otros fuera a existir más por el hecho de que yo me ponga a contar lo que a mí me cuentan fuentes erróneas, mentirosas, ausentes, inventadas, interesadas y venenosas. ¡Y a todo esto, M.M. ni siquiera se caga en la silla, con perdón de la silla!

Leyendo iba en el bus lo de los porrazos de Auster, cuando tuve un reflejo, el de mirar al frente como hago de vez en cuándo para ver por dónde estoy pasando. Estaba pasando por (la) Cibeles.

Y lo que vi fue la situación resumida. ¿Que qué situación? No sé. El presente.

El nubarrón negrazo sobre el Banco de España era impresionante. No reaccioné a tiempo, y me dije: llego a la última parada, la mía, y vuelvo corriendo a hacer la foto. Volví pero el cielo estaba un poco más claro. Lamentablemente, lo único que me sigo creyendo de todo el dia de ayer es el nubarrón.

    

DERECHA, BANCO DE ESPAÑA; IZQUIERDA, AYUNTAMIENTO DE MADRID

BANCO, CALLE ALCALÁ. PRIMERA HORA DE LA TARDE OSCURA.

YO A ESTO SIEMPRE LE LLAMARÉ CORREOS, AUNQUE AHORA SEA EL AYUNTAMIENTO DE ESA SEÑORA DE HUMO CON DIENTES, POR CAPRICHO DE SU ANTECESOR, ALBERTO RUIN GALARDÓN (GALARDÓN A LA HIPOCRESÍA). NOS DEJAN SIN EDIFICIOS “DE TODOS”. ¿PUEDO USAR UNA EXPRESIÓN QUE USA UNO DE LOS QUE NOS ORGANIZAN EL TRABAJO: PUES ¡”ME CAGO EN SU PUTA CALAVERA!”. ME ENCANTA.

 

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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