Vengo más que nada por fastidiar

Ay, pero es que tengo requetesueño, eh? Y es que justo cuando me voy a meter con esto, en la esperanza de no dormirme apenas entrar, FHSSSS, ruidillo del WhatsApp, que suena a centella. Era una que me mandaba un pitufo, si es que los pitufos son azules. Yo nunca he visto un pitufo. Ni leído una novela de Martín Vigil, si vamos a eso. Pero sí que fui a un funeral de los kikos y a la China, a conocer a un chino que era amigo del Freetel, un chat estupendo que había por el año 97 y 98, y poco después una empresa coreana compró la empresa americana que lo alojaba y se cerró para dedicarse en serio a todas sus divisiones sin tener ocupada la línea.  De todos los amigos que conocí por esa puerta o ventana, el más histérico era el chino, Pan Jie, y el más amigo más amigo que seguimos siendo amigos amigos para siempre y nada destruirá jamás nuestra amistad, a no ser que sí, es Giovanni Muscolino, o Juanito Musculito. Bueno, Juan Musculito, no exageremos aunque sea de Sicilia. Y fue así cómo conocí Sicilia, qué ganas de volver a Sicilia, aunque, si visito a su madre la mamma me prestará el camisón lila horroroso, como de penitente muerta, y eso que la señora es “normal”, digo que no es una siciliana parva ni felliniana, sino una profe de filosofía, la professoressa Enma Palella y no como sus cuñadas Peppina y Nunzietta, que son terratenientes y por tener también tienen armas porque una sabe cazar y anda por el monte a caballo, con los 80 y muchos años a lomos de la silla de cuero.  La otra también gusta del monte y hace conservas de sus productos de la huerta, pero además fue maestra y las cartillas de leer y escribir las hacía ella a mano, que yo las vi!

Pues nada, nada, un día tengo que dedicarlo solo a aventuras en Sicilia (la del playboy expoliador de tesoros grecorromanos, la del enterrador, la del volcán….*). 

*Esa se cuenta pronto, pero me estoy cayendo dormida encima de un teclado de no sé qué ni no sé quién.

Arroz con garbanzos y espinacas para cenar….me dejarán dormir? Hace unas dos horas o más que lo ingerí. A ver…..

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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Una respuesta a Vengo más que nada por fastidiar

  1. Dios! a mi Sicilia tb me había encantado. Recuerdo la entrada triunfal que habíamos hecho en Palermo… habíamos bajado desde Roma en nuestro coche de Rent a Car, las cinco: Loli, Susana, Inés e Isabelita preguntando que si estábamos en Italia o en otro sitio, que si llamaba a su cuñado seguro que se lo iba preguntar y que no quería quedar de tonta ante él como siempre ocurría (ella era de filosofía). Creo que fue por la época en que estaban de moda las road movies de mujeres como Thelma y Louise solo que nosotras éramos cinco galegas, unas do Carballiño que siempre trataban de convencer a otra de Lugo que allí tenían mejor pulpo que en el de San Froilán. Recuerdo que llevábamos las ventanillas abiertas de par en par e íbamos cantando a voz en grito -nuestro dominio del arte coral no pasaba del berreo-: “Quien le escribía versos, dime quién era, quién le mandaba flores por primaveraaaa”. Así entramos en Palermo, pasando semáforos en rojo con nuestro coche alquilado, la gente que cruzaba la calle por cualquier sitio y las casas con los impactos de proyectiles de la segunda guerra mundial aún sin reparar, todas aquellas casas que habían sido de varias plantas pero que una vez reducidas a escombros y una o dos plantas en pie permanecían tal cual desde hacía unos sesenta años pues si reconstruían los pisos altos destruidos los palerminos pagaban más impuestos. Recuerdo lo único que un piloto de cualquier stuka dejo de memorable: una catedral gótica sin techo, abierta a un cielo lleno de estrellas, estaba íntegra, con su puerta de madera y todo pero al entrar la sorpresa del cielo estaba allí. Nos quedamos dentro, un dentro que parecía afuera, escuchando como sonaba la banda de jazz que estaba tocando ¡qué ganas tengo de bailar y cuanto me gusta el jazz de los años cuarenta, cuando la gente aún bailaba el jazz!

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