Pesadilla antes de Navidad

Vaya, para algo sirve la genética. Resulta que tengo un hermano que, a pesar de haberme oído, e incluso escuchado, discursos, soflamas, peroratas, circunloquios, cuentecitos de Abuela Cebolleta y…no, la mili no, que libré por cretina….a pesar de todo eso, digo, resulta que lee este blogggg todos los días. Carallo!

Bueno es saberlo. Ahora no puedo contar bolas tipo “peleábamos a gorrazos y siempre ganaba yo”, o “mandaba en él porque era mayor”, jejejeje, hay que tener un cuidado…

Pues nada, aquí estoy, en mi casita de la Puerta del Sol, con Cortylandia dándole que te pego al himno de este año, sesión tras sesión, con las masas de gente que no me deja ni entrar en mi portal sin describir increíbles zigzags, ni sacar la basura en bata guatiné como acostumbro, porque me verán miles de transeúntes y creerán que soy la última estatua humana que ha salido al mercado para competir con el barrendero verdoso, el señor al que se lleva el viento, el Cristo con su cruz (hay un Cristo plateado y otro “normal”), o robarle las lentejas a Winnie the Pooh o a Kitty.

Y como ya van todas las masas a ver Cortylandia, yo, que vivo a 100 metros, aún no sé de qué va este año. Como si otros años me hubiera enterado, vaya. Bueno, recuerdo uno: el guión era malísimo, una conversación entre relojes, unas maquetas verdaderamente horrorosas y obsoletas, entre las cuales destacaba el de cuco, que era espantoso y decía que tenía un primo que era el reloj más ilustre de España porque era el que daba las campanadas de fin de año. En fin. Y las voces! Qué voces más desagradables, pordió!

Total, que el sitio se pone hasta arriba de guiris con sus cámaras y de familias que llevan a los niños como coartada pero sabiendo  que a los niños se la repampinfla el espectáculo y lo que quieren es verlo ellos, que andan fatal de la olla.

Lo peor es el espectáculo de los propios espectadores: el respetable público abunda en señores con cara de amargados y cenizos que ni se hablan con su mujer pero ostentan un gorro de esos que son la cabeza de un reno absolutamente ridículo que si cobrara vida se carcajearía de su portador. Pero cómo pueden ir al mercadillo extranavideño y comprarse, año tras año, la peluca de Michael Jackson, la melena de vikingo o la famosa cabeza de reno son despeinarse la dignidad? Y cuando te cruzas con un combo familiar constituido por el padre antes descrito, la madre con un modesto collar de espumillón  plateado y el bebé en el cochecito o en la silla con unas antenas con luces intermitentes, qué haces? Les dices bonne nuit y les deseas que tengan felices pesadillas como su vida misma?

De todo esto tendré que aportar fotos, ya sé que sin ellas no me creéis nunca nada.

Tengo todas las fiestas por delante para obtener los testimonios gráficos.

De momento, os ofrezco a unos chiíes flagelándose, que es lo más parecido. Y las fotos ni siquiera son mías.

  

 

Pues eso, bonne nuit y felices pesadillas antes de Navidad.

  

 

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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2 respuestas a Pesadilla antes de Navidad

  1. Para que quede constancia pública y por si, llegado el caso, algún miembro de la entidad familiar quisiese utilizar en beneficio propio la siguiente acusación, por ejemplo, en una discusión de cena familiar navideña, ahí va: M. B. C. es una chantajista. Resulta que un día iba por la calle y al pasar por delante de la vitrina de un escaparate, se dijo a sí misma:”Ohhhh! si le regalo esto a M2. podré obtener a cambio galletas saladas.
    La tal M2. preparó ayer cabello de ángel casero, con una calabaza cidra traída de Fonsagrada y un limón del limonero que tiene su hermana en Cambre, provincia de A Coruña. Mientras removía una masa de hebras azucaradas que al mínimo despiste amenazaba con caramelizarse y desprendía en la atmósfera de la cocina, el rellano de la escalera y quizás los pisos mas cercanos a la calle, un aroma de limón y azúcar, se acordó de cuando don Marianito, en un infructuoso intento de sacarle hierro al asunto, comparaba el chapapote con “unos hilillos de plastilina”.
    -¡Qué bien estaría un mundo en que las cosas filiformes negras, muy negras, demasiado negras, tanto que queríamos que fuesen blancas o multicolores, pudieran transformarse por arte de magia en hebras de cabello de ángel! -se dijo M2 a sí misma, pues no había nadie más en la atmósfera caldeada de la cocina.
    También se preguntó si a M.B.C. le gustaría el cabello pues en el próximo viaje a Madrid podría llevar una cesta de mimbre de asa grande colgada del brazo -habrá muchas por las basuras de las calles una vez finalizadas estas felices fiestas- y, en vez de la tradicional ristra de chorizos colgando del lateral como un collar extravagante para mujeres de la edad de piedra, llevar algo mas acorde con el espíritu vegetariano de los tiempos que nos toca vivir en que el olor a chorizo en el compartimento del tren pone en alerta al cuerpo de las fuerzas de seguridad ¡quien sabe si el chorizo es o no es un potente explosivo!. M2 pensó que podría llevar unas galletas saladas, un tarro de cabello y otro de algo modernito y cosmopolita, por ejemplo, un “chutney” que se dispone a hacer en estos momentos, la cesta bien tapadita con un mantelito de vichy, cuadraditos rojos alternando con cuadraditos blancos.
    ¡Qué haxa salú!

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