Charcutería, mi amiga octogenaria

He visitado a mi amiga octogenaria, que se llama Dolores pero su hija, mi amiga J., la llama Charcutería. También se lo llamaba su marido. Es por una anécdota gastronómica que no voy a contar, pero no la reconocemos por otro nombre. Solo un día que la llevé desde un hospital a otro en ambulancia tuve que recordar el nombre, porque la perdí en el clínico, es decir, me hicieron esperar horas en una sala de espera multitudinaria y cuando me sentí inquieta fui a preguntar por ella en la recepción de ingresos…finalmente, el nombre me salió a base de angustia, y pedí que la localizaran, siguiendo el recorrido que estaba haciendo, de prueba en prueba. Lo más gracioso fue que asomé la cabeza y casi grité. “he perdido a una madre!”. La encargada del chiringuito se angustió casi más que yo. Aclaré: “Es que no es mía, es una madre prestada y su hija está de viaje. Si la pierdo, me mata o me muero por mi cuenta!”

La ecuperé. Estaba entre cardio y el escáner, y la verdad es que tenían todo tan organizado que les fue muy fácil. Es verdad, había mucha gente y había que esperar, pero la trataron estupendamente, vamos, lo que se espera de un hospital, y antes que nada se aseguraron de que no era un caso urgente, sino de un escáner que su hospital había “encargado” para ver su evolución. A la vuelta, más allá de medianoche, le dije: “mira, Charcutería, no quiero ni pensar en lo que diría tu hija nos viera a las dos a esta hora metidas en un coche con dos jóvenes desconocidos y apuestos y tú, para más recochineo, desnuda”. Es que Charcutería es muy calurosa, y se negó a ponerse encima más que la sabanilla azul desvaído de la ambulandia. La verdad es que fue una tarde-noche agradable y divertida, pese a lo que nos traíamos entre manos: hospitales. A la ida estaba desorientada, a la vuelta no. Yendo hacia allí la entretuve preguntando cuántos hospitales conocía ya, entre estancias propias y de su marido. La insté a nombrarlos, y cuando ya no recordaba más, después del de Vallecas, La Paz, Santa Cristina, San Camilo, blablabla….me mira con cara de a ver si cuela y me suelta: “….y el hospital Tsunami”.

🙂

Cuando le cuento este y otros desatinos que protagonizó cuando se le fue la olla en esos días, le sabe a poco: “Y qué más chorradas solté?”, me pregunta pos si algún día recuerdo alguna que me había dejado en el tintero. Las tengo todas apuntadas, así que con ella siempre tengo motivo para carcajadas.

Hoy le he dado la caña habitual: “Dios mío, qué buena cara tienes para ser tan fea!”, “qué bien estás, para lo viejaza que eres!”, “te he traído las croquetas distraídas solo por el interés: ponme un copazo de ese aguardiente de uvas que tienes ahí, ese añejo como tú”.

Y ahora regreso a casa, después de dejarla viendo “Juicio de faldas”, de esas de cine español que tan generosamente dispensan los periódicos con su compra. Menos mal, porque antes veía cada noche “Ha llegado un ángel”, de Marisol. Es que Isabel Garcñes haciendo de gallega le hace mucha gracia.

Hay que decir que Charcutería no es una añosa corriente. O sí, lo que pasa es que nadie, salvo la familia si hay suerte, se fija en que todos somos personas y casi todas interesantes, por defecto. Charcu es inteligente, tiene buena conversación y excelente memoria, formación (fue enfermera en un hospital, donde conoció a su marido, que era paciente), curiosidad, amplitud mental, canta, recita, es divertida, tiene una tremenda vis cómica y posa para mis vídeos haciendo chorradas y haciendo visajes (=poniendo caras). Responde muy bien a mi guarrada de abrir la boca y enseñarle la comida en plena masticación, me llama guarrona y yo a ella perrona.

No se me daría mal regentar un centro de rehabilitación neurológica, no. O un circo para niños y vejetes. Pero trabajo en un medio de comunicación, grande y perverso. Menos que otros, que hilan suceso tras suceso para llenar un informativo. Pero le va llegando, aunque visualmente seamos más “finos”.

El domingo a lo mejor no puede ir a votar. Si llueve es muy penoso llevarla en la silla de ruedas (roja, como la eligió ella). Y digo yo: a la iglesia católica, que se molesta en ir haciendo proselitismo por las casas de quien no se puede mover (si le da la gana) y repartiendo…la comunión, ¿no le interesará llevar a esta gente a votar, dado que lo más probable, o no, es que su grey o feligresía vote al PP?

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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2 respuestas a Charcutería, mi amiga octogenaria

  1. Martini Rosso dijo:

    Ayer mi hermana entró en mi habitación toda asustada y gritó: “OYEEE, QUE SI NO VOTAMOS A DERECHAS VAN A RESCATAR A ESPAÑA!!”.

    Dijo exáctamente “a derechas”, como si hubieran varias. Ella debe saber.

    Besos

    • Pero, pero….es buenísimo, jajajajaja! Lo ves, lo ves? Es lo que da el estúpido lenguaje de “los mercados” y las crisis económicas…..hasta el punto de que SER RESCATADOS, con lo bien que suena, ahora es lo peor!
      Y a derechas….total, no hacemos nada a derechas! O se refiere a eso, que tenemos que votar “bien”, o, como tú apostillas, votar “a unas derechas”, a unas cuantas derechas…Hoy Le Monde viene con todo sobre nosotros. Qué ganas de analizar….nada!

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