Cultura japonesa, cultura de cámara

Yo, cada vez que me acuerdo de las dos hikikomori bailando delante de su ordenador, pero en lugar de una danza una contorsión continua y en plano secuencia, me siento ruborizada, pero no sé si con rubor malar o gingival.
Si es malar, seguramente estaré profunda y ostensiblemente conmovida a base de lo que llamamos vergüenza ajena pero a lo mejor es vergüenza de especie (humana o humanoide). O puede mis vecinas japonesitas me parezcan tiernas y penosas a la vez, y entonces me parezcan patéticas. No creo.

Pero si el rubor es gingival, resulta que en vez de patéticas conmovedoras y licuadoras de mi sensibilísima psique (por favor, ¡sensible en el sentido vulgar, de sobremesa!), las niponetas me mueven a risa a encía descubierta, y entonces es que, de verdad, me resisto a sentirlas patéticas, no me llegan al ánima, solo al animal que soy, dotada a secas de músculos risorios y demás cientos de músculos.

  Bueno, un poco triste, pero musculada (por ahí andan los risorios). Patetizada, pero a punto de risa sin miramientos,

 pasando fugazmente por este punto medio-medio,

 y llegando a la banalidad de mal, mi mal sin demasiado trasfondo: la risa floja hacia los bailes del prójimo ante el portátil.

En fin, mis hikikomori, las que viven encerradas en el piso de al lado y a las que solo veo por su ventana, nunca en la escalera ni en el portal, a no ser que anden transfiguradas, mis hikikomori, digo, vienen siendo así:

 Así, pero las mías son dos chicas en lugar de chico y chica. Con su diminuta habitación doble como telón de fondo (dos camitas, un armarito doble y varios peluches occidentales inmensos sobre sus respectivas almohadas).

En realidad, ya no las considero hikikomoris, sino horterikikomoris. Pero es Japón. Son lolitas, nanordenadores, nanoteléfonos, pelo recogido en coletitas y lo que se da en llamar fit’s japonés.

Esta es una muestra múltiple de dancitas de esas, cruel dances, fit, o whatever. Aunque es una especialidad de panolis del imperio del sol que se pone detrás de Fukushima, ya ha llegado a todas partes. Como las hamburguesas con muchas salsas y con las patatas metidas promiscuamente dentro del pan junto a la carne, la lechuga y las bacterias.

http://www.beckiicruel.org/beckiicrueldances.html

Esto me gusta más(solo que, en realidad, ya es otro género, el OK Go). Pero es que son unos de mis amigos preferidos en el mundo:

Y esto también me gusta:

 Estos, ahora relajados, ya lo tienen todo bailado.

Y mirad qué monada, que no baila pero canta (está un poco vista, pero nunca me cansa; seguro que ni es japonesa….está bien, ya sé que es de Tianjin):

Y esta es española:

Peo, en cambio…ya veis que vecinitas tengo. Y eso que habían venido a estudiar español socializando con españoles. Glup!

 Acabarán así, si se deciden a salir al aire libre.

 Y no volverán a llamar a sus primas del pueblo, con lo majas que son.

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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Una respuesta a Cultura japonesa, cultura de cámara

  1. caca de foto esa de tú y tú!
    yo tengo una en la que me sale a la vez el yo el ello y el superyo ¡te gano! (es “ideal”, hija! no se ve pero existe realmente)
    Pronombre personal de identidad esquizo: yo y yo
    Pronombre personal de identidad múltiple: yo y yo y yo

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