¿Alguien se quedó sin mi crónica papal?

Dado que laboro en ese medio de comunicación que pagamos todos para que no nos informe de las cosas molestas, he resuelto dirigirme hoy por escrito a todos los compañeros y directivos para narrar lo que en “mi” medio y en los demás no se ha dado, y eso que era más divertido que lo que sí salió a tutiplén. Ahí va:

 

“De todo hay en la Viña del Señor.

He vivido en la calle y, como será de suponer, en las filas de los protestantes contra el viaje papal y el peloteo mediático, la enorme fiesta comercial que ha supuesto la asistencia de jóvenes que aprovechaban la ocasión para viajar, quizás por primera vez en su vida, y seguro que la única por la patilla.

A cualquier hora, por todo el centro y, por lo que me han contado, también por sus círculos concéntricos exteriores, los he oído exclamar, mochila a la espalda y bonos de gratuidad o rebaja en los bolsillos para comer y beber: “Allí, allí, El Corte Inglés a la vistaaa!!!!!”. Como es sabido, esta cadena cañí es una de las mayores atracciones para los turistas extranjeros bien informados.

Otro grito de guerra de este movimiento tribal variopinto (también había perroflautas con crestitas, pero pocos) era el de : “ZARAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!”

Y, por supuesto, los búrgueres.

Pasé a la acción en cuanto observé, preocupada, que andaban despistados y, en vez de acudir a la Liturgia de la Palabra en la afamada Puerta de Alcalá (gracias a la melosa pareja Ana y Víctor), emergían en manadas por la boca del metro de Príncipe Pío y llenaban, durante todo ese día, el centro comercial. Probaban los sillones basculorrelajantes que existen en los pasillos, unas chicas de nosequé establecimiento les lavaban los pies en un estanquecillo con minipeces que está junto a los sillones mencionados, y degustaban con deleite sus cocacolas y los alimentos propios de su educación o de la oportunidad que se les brindaba.

Con ellos, monitores, monjitas y pastores varios. Con sus banderazas multinacionales, sus camisetas amarillas del patrocinador Cortinglés o verdes de Caja Madrid y sus bolsas de las anteriores compras.

Del Cortinglés de Sol, por cierto, he visto entre ellos a algunos alegres pilluelos saliendo a la carrera, perseguidos por indignadas empleadas de las de chaqueta roja y güalkitalki. A algunos los pillaron. Y reían, y reían, jajajajaja, nos han pillao, tú.

En el super del mismo establecimiento sonaban las alrmas en atronadora composición dodecafónica, PIPIPIIIIIIIII!!!!!, los vigilantes no daban abasto aunque estaban contentos por otro lado: se vendió toda la fruta. Alguna cerveza tiraron y rompieron, algún producto fue abandonado en góndolas equivocadas por culpa del arrepentimiento o del precio o del capricho o de la imposibilidad de mangarlo, y, cómo no, las limpiadoras pequeñitas y morenitas a las que la empresa destina a estos menesteres, hubieron de recoger-barrer-fregar los frutos…de la desconsideración.

Volviendo en mi relato a la calle, y al anteriormente citado centro comercial de P.P. (no confundir con uno de los dos partidos que hay en este país), pregunté a muchachos y muchachas, así como a sus monitores o lo que fueran, si ya había terminado la Liturgia esa, o sea, el primer emocionante encuentro Papa-juventud, o, en su defecto, a qué hora era. Con toda mi curiosidad e inocencia investigatrices. De testigos, cuatro amigas periodistas que me azuzaban para que dejara de azuzar.

La muestra políglota que tomé entre los cientos de compradores desmadrados me contestó de todo: uy, que si era justo a esa hora y se les había pasado. Uy, que no tenían ni idea. Uy, es que tenían que tomar el bus a Móstoles, donde dormían. Uy (los más originales, los italianos, alojados en “Mayadaonda”), que iba a haber demasiada gente y por eso no iban a ver al Papa hasta la sesión de Cuatro Vientos. A mi pregunta, me “confirmaron” que irían a pie como recomendaba la organización. Les dije que llevaran ombrello porque iba a hacer un sol que, eso sí, les serviría para ganar indulgencia plenaria. Me preguntaron, y les informé, sobre la temperatura media en Madrid y hasta les hablé del grado de humedad. Pero les dije que Galicia era la de verdad húmeda.

Unas Bernarditas tipo polaco que iban en el metro (dirección contraria al Papa) lamentaron muchísimo que yo no hubiera llegado a tiempo al acto del que ellas habían pasado, contra lo que pudiera mostrar su actitud piadosa.

Las escaleras mecánicas del metro las dediqué a sonreír a los jóvenes que cantaban mientras ascendían a los cielos (yo bajaba) para que devolvieran sus sonrisas y sus hola hellooooo a mi objetivo!! Ahí los tengo, inmortalizados.

Uno de “cerca de París” me contó que estaba muy satisfecho de su estancia en España, y que aguantaba bien el calor.

Las españolitas interrogadas en Ópera mientras sorbían de sus latas de cerveza estaban más enteradas: seguramente habría acabado ya el acto porque mucha gente venía de esa dirección.

Por la noche, en Sol, preguntábanme los mozuelos dónde había un McDonald abierto que les había indicado alguien, sin duda equivocado. Era la una y media.

Viendo la enorme cantidad de desperdicios inorgánicos y orgánicos esparcidos por la plaza, entre los que se encontraban numerosos carozos de manzana reineta, fotografié y grabé todo (por seguir como en la tarde que había quedado atrás). O sea, las basuras. Había quien me miraba raro, pero finalmente resolvía que era muy buena idea. No llevaban camisetas patrocinadas, eran otros.

Preocupada por la posibilidad de que no hubieran encontrado contenedores vacíos (jezú, qué ayuntamiento cochino!) metí la cámara en los de cada modalidad. Vacíos. Será que no se ven porque son pequeños. La imagen sale anaranjada o azulada, dependiendo del contenedor. Con mis reportajes me fui a mi casa tan campante y devoré cuantos alimentos de verdad encontré en mi despensa. Bien provista, así que no pegué ojo en lo que quedaba de noche.

Así que…miles de fotos y grabaciones desde el 15 M hasta la JMJ. Para la posteridad. También las tengo de tortas y desmayos. Los JMJ no sabían que España era calurosa, y no solo del calor del Sumo Pontífice y sus cachorros.

Si es que…de todo hay en la Viña del Señor”.

Las fotos, pa luego. Ya he metido algunas en otra entrada, pero como tengo miles…..ahora no me da tiempo, que tengo que ir a mi centro médico para aprender a esputar. Me han mandado hacerlo tres veces, cada una en un tarrito, y no soy capaz. He mirado en Google pero más que nada explica a los veterinarios cómo hacer esputar a las vacas, que no tienen entendimiento y voluntad (¡pues igual que yo!).

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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Una respuesta a ¿Alguien se quedó sin mi crónica papal?

  1. ¡Déjate de gaitas intranscendentes y ve leyendo esto pa documentarte!
    Tengo prevista una visita al Ateneo, (hay que aprovechar que ahora ya nos dejan entrar!)
    (te juro que Doña Emilia escribe igual que Matesa)
    Pardo Bazán “The palpitante cuestion”
    En confirmación de mi aserto aduciré un hecho. El Sr. Moret y Prendergast asistió este verano a los Juegos florales de Pontevedra, haciendo gran propaganda democrático-monárquica: pero también lució su elocuencia en la velada literaria, donde, dejando a un lado las lides del Parlamento y las tempestades de la política, lanzó un indignado apóstrofe a Zola y felicitó a los poetas y literatos gallegos que concurrieron al certamen, por no haber seguido las huellas del autor de los Rougon Macquart.

    Francamente, confieso que si me hubiese pasado toda la mañana en querer adivinar lo que diría por la noche el Sr. Moret, así se me pudo ocurrir que la tomase con Zola, como con Juliano el Apóstata o el moro Muza. Cualquiera de estos dos personajes hace en nuestra poesía tantos estragos como el pontífice del naturalismo francés: a poeta alguno, que yo sepa, se le pasa por las mientes imitarlo, ni en Pontevedra, ni en otra ciudad de España. Si el Sr. Moret recomendase a los poetas originalidad e independencia respecto de Bécquer, de Espronceda, de Campoamor o Núñez de Arce…, entonces no digo… Lo que es Zola bien inocente está de los delitos poéticos que se cometen en nuestra patria. Y en la prosa misma nos dañan bastante más, hoy por hoy, otros modelos.

    El proceder del Sr. Moret me recuerda el caso de aquel padre predicador que en un pueblo se desataba condenando las peinetas, los descotes bajos y otras modas nuevas y peregrinas de Francia, que nadie conocía ni usaba entre las mujeres que componían su auditorio. Oíanle éstas y se daban al codo murmurando bajito: «¡Hola, se usan descotes! ¡Hola, conque se llevan peinetas!».

    El lado cómico que para mí presenta el apóstrofe del Sr. Moret, es dar señal indudable de la confusión de géneros que hoy reina en la oratoria. Poca gente asiste a los sermones en la iglesia; pero, en cambio, casi no hay apertura de Sociedad, discurso de Academia, ni arenga política que no tienda a moralizar a los oyentes. Al Sr. Moret le sirvió Zola para mezclar en su discurso lo grave con lo ameno, lo útil con lo dulce; sólo que erró en el ejemplo.

    Si entre los hombres políticos no está en olor de santidad el naturalismo, tampoco entre los literatos de España goza de la mejor reputación. Pueden atestiguarlo las frases pronunciadas por mi inspirado amigo el señor Balaguer al resumir los debates de la sección de literatura del Ateneo. Un insigne novelista, de los que más prefiere y ama el público español, me declaraba últimamente no haber leído a Zola, Daudet ni ninguno de los escritores naturalistas franceses, si bien le llegaba su mal olor. Pues bien: con todo el respeto que se merece el elegante narrador y cuantos piensen como él reuniendo iguales méritos, protesto y digo que no es lícito juzgar y condenar de oídas y de prisa, y sentenciar a la hoguera encendida por el ama de Don Quijote a una época literaria, a una generación entera de escritores dotados de cualidades muy diversas, y que si pueden convenir en dos o tres principios fundamentales, y ser, digámoslo así, frutos de un mismo otoño, se diferencian entre sí como la uva de la manzana y ésta de la granada y del níspero. ¿No fuera mejor, antes de quemar el ya ingente montón de libros naturalistas, proceder a un donoso escrutinio como aquel de marras?

    Ni es sólo en España donde la literatura naturalista y realista está fuera de la ley. Citaré para demostrarlo un detalle que me concierne; y perdone el lector si saco a colación mi nombre, di necessitá, como dijo el divino poeta. En la Revue Britannique del 8 de Agosto de 1882 vio la luz un artículo titulado Littérature Espagnole Critique. Un diplomate romancier: Juan Valera. (Largo es el título; pero responda de ello su autor, que firma Desconocid). Ahora pues, este Mr. Desconocid, tras de hablar un buen rato de las novelas del Sr. Valera, va y se enfada y dice: «J’apprends qu’une femme, dans Un voyage de fiancés (Viaje de novios), essaye d’acclimater en Espagne le roman naturaliste. Le naturalisme consiste probablement en ce que […]». No reproduzco el resto del párrafo, porque el censor idealista añade a renglón seguido cosas nada ideales; paso por alto lo de traducir viaje de novios «Voyage de fiancés», como si fuesen los futuros y no los esposos quienes viajan juntos mano a mano -cosa no vista hasta la fecha- porque también traduce «Pasarse de listo» por «Trop d’imagination»); y voy solamente a la ira y desdén que el crítico traspirenaico manifiesta cuando averigua que existe en España une femme que osa tratar de aclimatar la novela naturalista! Parece al pronto que todo crítico formal, al tener noticia del atentado, desearía procurarse el cuerpo del delito para ver con sus propios ojos hasta dónde llega la iniquidad del autor; y si esto hiciese Mr. Desconocid, lograría dos ventajas: primera, convencerse de que casi estoy tan inocente de la tentativa de aclimatación consabida, como Zola de la perversión de nuestros poetas; segunda, evitar la garrafalada de traducir viaje de novios por «Voyage de fiancés», y todas las ingeniosas frases que le inspiró esta versión libérrima. Pero Mr. Desconocid echó por el atajo, diciendo lo que quiso sin molestarse en leer la obra, sistema cómodo y por muchos empleado.

    He de confesar que, viéndome acusada nada menos que en dos lenguas (la Revue Britannique se publica, si no me engaño, en París y Londres simultáneamente) de los susodichos ensayos de aclimatación, creció mi deseo de escribir algo acerca de la palpitante cuestión literaria: naturalismo y realismo. Cualquiera que sea el fallo que las generaciones presentes y futuras pronuncien acerca de las nuevas formas del arte, su estudio solicita la mente con el poderoso atractivo de lo que vive, de lo que alienta; de lo actual, en suma. Podrá la hora que corre ser o no ser la más bella del día; podrá no brindarnos calor solar ni amorosa luz de luna; pero al fin es la hora en que vivimos.

    Aún suponiendo que naturalismo y realismo fuesen un error literario, un síntoma de decadencia, como el culteranismo, v. gr., todavía su conocimiento, su análisis, importaría grandemente a la literatura. ¿No investiga con afán el teólogo la historia de las herejías? ¿No se complace el médico en diagnosticar una enfermedad extraña? Para el botánico hay sin duda algunas plantas lindas y útiles y otras feas y nocivas, pero todas forman parte del plan divino y tienen su belleza peculiar en cuanto dan elocuente testimonio de la fuerza creadora. Al literato no le es lícito escandalizarse nimiamente de un género nuevo, porque los períodos literarios nacen unos de otros, se suceden con orden, y se encadenan con precisión en cierto modo matemática: no basta el capricho de un escritor, ni de muchos, para innovar formas artísticas; han de venir preparadas, han de deducirse de las anteriores. Razón por la cual es pueril imputar al arte la perversión de las costumbres, cuando con mayor motivo pueden achacarse a la sociedad los extravíos del arte.

    Todas estas consideraciones, y la convicción de que el asunto es nuevo en España, me inducen a emborronar una serie de artículos donde procure tratarlo y esclarecerlo lo mejor que sepa, en estilo mondo y llano, sin enfadosas citas de autoridades ni filosofías hondas. Quizás esta misma ligereza de mi trabajo lo haga soportable al público: el corcho sobrenada, mientras se sumerge el bronce. Si no salgo airosa de mi empresa, otro lo cantará con mejor plectro.

    Obedece al mismo propósito de vulgarización literaria la inserción de estos someros estudios en un periódico diario. Si a tanto honor los hiciese acreedores la aprobación del lector discreto, no faltará un in 8.º donde empapelarlos; entretanto, corran y dilátense llevados por las alas potentes y veloces de la prensa, de la cual todo el mundo murmura, y a la cual todo el mundo se acoge cuando le importa… Y aquí me ocurre una aclaración. El pasado año se discutió en el Ateneo el tema de estos artículos, a saber: el naturalismo. La costumbre -con otra causa más poderosa no atino ahora, tal vez por la premura con que escribo- veda a las damas la asistencia a aquel centro intelectual; de suerte que, aun cuando me hallase en la corte de las Españas, no podría apreciar si se ventiló en él con equidad y profundidad la cuestión. Así es que al asegurar que el asunto es nuevo, aludo en particular a los dominios de la palabra escrita, donde definitivamente se resuelven los problemas literarios.

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