Todos somos perroflautas (?), pero unos más tímidos que otros

El otro día, domingo, estuve en la manifestación. La Manifestación, huelga decir qué manifestación, salvo que añada que en la de Madrid. Ir hasta las Cortes era imposible, y me parece una estupidez, porque nadie iba a tirar huevos ni molotovs, en vista de lo visto hasta ahora. Los lanzadores de jabalina y discóbolo fueron purgados hace tiempo por los indignados “auténticos” en todo el país. Hay un protocolo, como sabrán, para el caso de que te detenga la policía, pero hay otro más importante que es el de qué hacer cuando veas a un chulo que va a hacer de las suyas. Ya saben, aislarlo, dejarlo en evidencia, intentar ponerlo mansito a base de endechas o sonetos, apartarse y gritar que los demás somos pacíficos, en fin, que se le note un poco que está de más.

Como no se podía llegar a la Casa de Titirilandia, esto es, al Congreso, todos los perroflautas, como nos llaman los lobos aulladores, intentamos acercarnos lo más posible al lugar donde queríamos quejarnos de la estulticia que impera en aquel recinto cuando hay alguien dentro “trabajando”. Los perroflautas no abundan, porque resulta que los perroflautas son personas con perro y con flauta, pantalones como leotardos y una carencia total de oído, con lo que (y debajo de mi casa tengo muestras) desafinan a la perfección desde una polka celta hasta otra polka celta. Y más bien se ven, hoy en día, pantalones holgados que leotardos, las flautas y los perros si los hay se quedan en casa, y ningún indignado, que yo sepa, ha mendigado ni en la calle ni en el campamento de Sol. Al contrario, han gozado desde el principio de donantes voluntarios que saciaron su hambre, calmaron su sed y aportaron desde cinta adhesiva hasta ordenadores, pasando por 4000 libros para la librería y cartulinas y rotuladores de calibre grueso para la cartelería.

El domingo, en La Manifestación, habría posiblemente perroflautas, que son como cualquier usuario de pantalón holgado, falda pantalón, minifalda, leggins o vaqueros. Y había, seguro, que yo los vi, señores mayores con gafas, niñas pequeñas con trenzas, adolescentes con espinillas, señoras con pecas, padres de hijos e hijos de padres, abuelos, suegros, yernos y nueras. Qué manía de clasificarnos a todos en perroflautas y perroflautas.

Con eso y con todo, con tanta normalidad y espíritu de crítica y fiesta, todo el mundo quiso acercarse a los leones diputados. Pero la policía tenía cerradas todas las calles adyacentes y las lejanas, hasta la de María de Molina.

Imparable, y con un sol de tres pares de narices, todo el mogollón, miles de perroflautas, buscábamos un acceso, si no a Titirilandia de los Leones, por lo menos al punto, en Atocha, donde confluían los procedentes de Zarzalejo, Vallecas, el Corredor del Henares, Getafe, en fin, de todas todas partes.

Le pregunté con toda la educación a un policía si iba a haber balas de goma, y pareció sorprenderse, no sé por qué, si también parece ser sorprendente que los manifestantes no mordamos…bueno, pues me dijo que no, y como que me quedé más tranquila.

Los barrenderos intentaban abrirse paso entre la riada de gente no sé con qué fin, porque no había nada que limpiar. Se decían: nada, que no hay manera. Comoquiera que los que yo tenía más cerca debían de ser detractores de la indignación ciudadana en las calles, se las vieron y se las desearon hasta que vieron a un señor echando un trago de vino al porrón y pudieron decir: mira, mira ese con la botella de vino.

Vaya por Dios y por san Judas.

Los chinos, encantados. En sus tiendas de conveniencia nunca se habían despachado tantas litronas de agua en los últimos 15o años. Colas y colas para comprar un agua que ya estaba más que templada, y seguían metiendo botellas en las neveras.

La verdad, a  mí me ponen la piel de gallina muchas cosas. Cuando veo una multitud adorando a Mick Jagger me parece bien, pero no me pone la piel de esa manera. Cuando la veo rindiendo al Papa culto de Especial Veneración (no, creo que ese es el de los santos ya oficiales), me espeluzno, y más ahora que su secta está en contra de que se legalice la llamada muerte digna. Y más aún, pensando que viene en verano y veremos Madrid lleno de jóvenes haciendo el botellón, el de agua para empezar. Y que los basureros tendrán mucho curro, aunque muchos de los imberbes probablemente hayan aprendido algo de los del 15 M, en el que, al fin y al cabo, Comunión y Liberación también repartió panfletos animando a ver con simpatía (sic) este movimiento de personas con iniciativa que quieren “construir la ciudad”.

Y como tengo sueño por culpa del trabajo (sí, sí, una se ha pasado laburando el jueves de Corpus, uno de los cuatro que relucen al año más que el sol), y de cuidar a una amiga hospitalizada con el cuello rebanado (por la cirugía de un adenoma, no por la violencia de una manifestación de perros flauta), pues me voy a dormir, que mañana a las 6.40 en punto salgo de mi casita para ir a un trabajo que detesto.

Pero continuaré. Con fotos. Y con esta entrada revisada, que ahora no tengo tiempo ni de ver si hay faltorras.

Felices sueños.

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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2 respuestas a Todos somos perroflautas (?), pero unos más tímidos que otros

  1. Tónico Sweepes dijo:

    También Cocó Channel era una perroflauta que no usaba los prácticos corsés.

  2. Tonico Sweeppes dijo:

    Por cierto, llámame, que no te hallo

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