Hikikomori

A estas alturas, los modernos sabrán lo que son los hikikomori, y los que no son modernos probablemente tengan uno o varios hijos kikikomori y no saben que eso tiene nombre.

Pues son un fenómeno nacido en Japón, consecuencia del desarrollo errático de otras tantas cosas nacidas allí. Son personas humanas pero aparentemente personas robots, que viven encerradas en su habitación y su única relación con el mundo es el ordenador; bueno, y puede que el móvil, pero más bien para enrollarse solos.  Acaban acumulando cantidades inverosímiles de desechos alrededor de sí por no abrir la puerta ni para que les saquen la basura. No vayan a sacarlos a ellos para llevarlos al psiquiatra. Las madres, porque esta gente vive con sus progenitores y son alimentados por ellos, reciben apenas el permiso para introducir el rancho mediante una apertura mínima de la puerta, bajo juramento tácito de no inmiscuirse ni en un milímetro de la intimidad que les queda, que es tan solo geográfica. En realidad, no les queda ni cerebro, ni lo quieren, ni lo necesitan. Lo han transferido en un archivo al PC o al mac, y ya son uno con su laptop.

Por supuesto, este fenómeno se ha exportado, porque no solo EEUU exporta su way of life.

Y ya están aquí. Hikikomori japos e hikikomori españoles.

Esta temporada, entre mis vecinos-as estudiantes de español tengo, pared con pared, a dos minchajas japonesas (mincha=pequeño molusco univalvo gasterópodo marino comestible) metidas todo el día y toda la noche (aún no he descubierto si duermen a alguna hora) en su conchita cibernética. Se ríen con esa risa que parecen cristales rompiéndose, muy aguda y espeluznante. Miro por la ventana del patio y ahí están, las dos, cada una delante de su pantalla, alienadas en su propia risa. Sentadas en la cama, las piernecitas cruzadas y la espalda jorobada. Hasta ahora me preguntaba qué ley genética obliga a los japos a caminar con los pies para adentro, y ahora solo me preocupa su chepa, giba o joroba. Abandonan los estudios, abandonan la dieta y el sueño normales, abandonan las ideas, abandonan familia, amigos y realidad.

¿De verdad prefieren tener un hikikomori en casa, o prefieren jovencitos inquietos,  vibrantes, revolucionarios de una u otra manera, de carne y hueso, aunque les dé mucha grima ver sus piercings, sus tatuajes, sus pantalones cagados (se llaman así, ya lo sabrán) y sus rastas? ¿Interesados y críticos con la política, con el escenario social, o con ambos? ¿Un poco o muy contestones porque tienen cosas que contestar? ¿O es que nunca tienen razón? ¿O es que tienen que digerir toda la involución de los derechos laborales, sociales, humanos, para ser “normales”? Qué horror. Algún día contaré las manifestaciones que montaba en casa con mis dos hermanos, a la tierna edad de 10 años. Con pancartas, que solo había visto en las películas…americanas.

Esto de montar un pollo con razón no es nuevo, afortunadamente, lo que pasa es que llevaba mucho tiempo sin aparecer en plan masivo, desafortunadamente. Alrededor se está desperezando una generación, o dos, gracias a ellos. Se pueden discutir con ellos las cosas si hay desacuerdo, pero ¿acaso se creen que no están listos para discutir con ganas y con razones? ¿No será que da miedo porque tienen muchas?

Hoy mismo, en la Puerta del Sol, hay una concentración, y están haciendo gala, otra vez, de una conducta intachable y de dotes de convocatoria. Lo prueba el hecho de que a nadie le da miedo meterse en el barullo con los abuelitos y el carrito de la niña, el niño o los mellizos. Dicen los acampados, y yo lo veo, que dos generaciones más arriba hay más interés y más diálogo con ellos que los que muestra la inmediata superior. Sigo viendo viejos que los abrazan. Y viejas, muchas mujeres mayoras que se acercan al campamento solas, porque no son tontas ni las niñas ni las viejas aunque muchos las suponen así.”He visto gente que, mientras pasea por el tinglado, deja a sus retoños en la guardería “Los indignaditos”. Y ahí están, de todos los colores. Y muy bien cuidados. Emociona verlos.

Hoy he visto también a una panda de burros exclamando: “¡mira, tío, si están dando clase, les están dando clase a los hippies!”. Los “hippies estaban reunidos en un taller o una comisión de algo, muy serios, mientras los burros rebuznaban a dos metros de distancia. Y no me pude resistir: “y tú te  estás rascando los h..vos, asqueroso”, porque, sí, el burro que llevaba la voz cantante era de esa raza de la que hablé aquí otro día, de los que en cuanto empieza el calor van restregándose las partes como animalotes.

Bueno, pues ahí va la tanda de fotos de hace un rato, preludiadas por otras del amanecer del que han disfrutado cuando salía yo a trabajar (6.45 h in the morning) a ese trabajo “liberador”.

Ah…esos quejíos de los que tanto leo, los de los comerciantes que dicen que el campamento afea el panorama y ahuyenta a los clientes…yo creo que son más los del El Cortinglés, que en realidad hace tiempo que no se come un colín, pero a alguien tieneque echarle la culpa. La pastelería La Mallorquina, la heladería Palazzo, los bares, el estanco, los quioscos y demás…ahí tenían hoy a su clientela.

Disfruten las fotos o escúpanles, procurando no manchar la pantalla de su propio ordenador con su propio vitriolo. Esto va dirigido a los teóricos de la conspiración. Todo es una conspiración o una manipulación, menos lo suyo, ¿me equivoco?

Antes, les dejo alguna imagen sobre hikikomoris. Y de otra alternativa pa pasar el rato, que seguro que, para muchos, también es menos alienante que pensar: el botellón, el macrobotellón, y el machobotellón futbolero. Por último, un majo y simpático joven que encuentra el camino en una simpática sectilla muy expandida. De nada.

http://www.youtube.com/watch?v=eVxFWegrG3M

http://www.youtube.com/watch?v=50Y7R5zP0wc

www.youtube.com/watch?v=CKRpx2Ahbmk&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=9q–iQJvN4Q&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=VUt_qoPXrso&feature=fvwrel

http://www.youtube.com/watch?v=A5CaKa853K0&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=pgrrH_cMaZA&feature=related

  

  

Los músicos de la derecha no son de los indignados, pero estaban enfrente de mi casa y sonaban tan bien…

  

Izda.: indignados por la carga policial de los acampados en Barna. Dcha.: banquero internacional demostrándonos su respeto.

  

Izda.: ¿Esto no le incumbe a usted?  Dcha.:  NO AL BOTELLÓN en el campamento.

  

Este señor llevaba sus mensajes, su florero y acabó dormido…¡bajo el peso de sus ideas! Allí quedaba a estas horas, el tío.

          

Hoy ha sido día floral.

Y se han vendido helados, los indignados del campamento no echan atrás a la clientela.

¿Solo “niñatos”? ¿Quéeee?

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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Una respuesta a Hikikomori

  1. Tónico Schweepees dijo:

    Tú mira y verás, que no es tautología porque hay gente que mira y no ve.

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