Patrullando la ciudad. Antropocutresociologías mías mías.

Hoy he patrullado bastante. Dos horas desde Embajadores hasta la Plaza Mayor, que estaba a tutiplén.

Crisis? What crisis?

Bueno, la cita es de Pink Floyd, y con ella he caído en la proclividad a ponderar la crisis atendiendo a estas vistas de culigordos devorando morrallas presuntamente tradicionales .

Reconozcamos dos cosas: a/esta crisis da miedo, y b/ comemos mucho. Y el turista medios come mucho y engañado.

Volviendo al patrullaje, en la plaza Vara de Rey me crucé con unos galopines. Uno de ellos, al menos, era latino, pero latino de película:  tupecillo poligonero, cuello de niqui levantado y blanconucleado, el andar y la expresión pretendiéndose de rebeldía sin causa. Me hinca, con saña, el codo en la tercera intercostal, y dice PERDÓN, JAJAJA,  con toda la intención de vacilar a esta pobre anciana y de hacer reír muchísimo a sus amigos su gracieta, más antigua que el mundo. Miro hacia atrás con ira, una costumbre que tengo, le ofrezco mi La Mirada (mi especialidad para matar gente), y, como me sale siempre, con voz de narcotraficante jefe le digo, bien masticadas las sílabas,  NO—HAY—DE—QUÉ…(los puntos suspensivos dejan en suspenso los insultos que me van desfilando por la cabeza, mareada de iracundia).

Si fuera él solo, se habría cagado en los pantalones. Pero, con amigos delante, y para no ser “nenaza”, he aquí su re-respuesta: ¡QUE NO TE VAMOS A ROBAR! ¡SI VAMOS MEJOR QUE TÚ! (se refería a mi torpe aliño indumentario)

Y voy yo, de gilipollas (es que no encuentro otro calificativo), y me arranco por el palo de la dignidad: ¿Y TÚ QUÉ SABES LO QUE LLEVO EN EL BOLSO?, como diciendo que qué más daba que el fuera de ADIDAS y NIKE, esas señas de falta de identidad, si yo llevaba en el bolso mi camarita estupenda y unos billetes de banco que aún conservaban su olor a perfume Eau de la Casa de la Moneda y Timbre. O sea, yo iba con ran poderío, a pesar de estos vaqueros que llevan un ridículo y sobrevenido frunce por la zona glutear que les hacen parecer unos vaqueros-dodotis, y todo porque en cuanto los estrené comprobé que no me podía agachar sin que se me bajaran hasta las rodillas as como a un caganet. Y a pesar de la camisa de JR que seguro parece cutre pero es mi disfraz de jefe narco.

Menos mal que pocas veces me atizaron por estas respuestas. Solo dos. Una, a puñetazos en la cabeza. Otra, en la cara y con la mano abierta. Sendos desconocidos ebrios que no admitían contestación a sus desatinos masculinos, inos, inos, ¡pollinos!

En fin, la tendencia y la necesidad de estas experiencias adrenalínicas, para qué negarlo, están impresas  en mi secuencia de ácido desoxirribonucleico, y me dan vidilla. Lo siento, soy un animalejo muy primitivo. ¿Y QUÉ? ¡NO ME PONGAN ESA CARA QUE LES FORRO A LECHES!

Vuelvo al papel de educada…mi excursión ha tenido también sus intercambios amables en español-mandarín. Una, en una tienda del rastro que vende objetos orientales de verdad, o que lo parecen. Clásicos. A mí, como me va el clásico moderno chino, se me antojó un jarrón con estampado de Mao tse Tung por un lado, una manifestación épica de obreros abanderados por otro, un discursito en bonita caligrafía en su tercera faceta, y en la cuarta ni recuerdo qué llevaba.

Me ha costado elegir, porque he tenido que desechar un violetero con un Mao más joven, un tibor con un Mao borroso ante un micrófono (lo de borroso, obviamente, le confería antigüedad, pero opté por el clasicismo sin más).

Pues lo mismo hoy voy a cambiar jarrón por tibor, más que nada por volver a preguntarle al chaval (el hijo de los propietarios) por otros objetos de la tienda, y obligarle a que me siga contando su vida, a enseñarme a pronunciar el mandarín y a aflojar su timidez. Eso me encanta.

Y la otra parada con investigaciones chinesas ha sido ya superando Lavapiés y  llegando a la calle Toledo, para hacer estas fotos, que te hacen entrar en asquito si no sabes leer erratas.

Allí, el interlocutor también era ex adolescente, y me ha hecho de intérprete con la dueña, quien se parecía a mi prima Tachi, que tiene cara de chinita guay, no de las de las caras de pan, que son las que gustan en China, y esto lo aprendí en una viaje que ya contaré.

Me salí del local con un botín de cinco tarjetas y una cata de bolas de sésamo, albóndiga de nosecuántos y…unos repugnantes callos, que consisten en pies de pato en salsa, con los que ya me habían repugnado bastante en mi viaje a China para conocer al histérico Pan Jie, un amigo de Internet.

Yo solo había entrado a preguntar si las bolas de sésamo eran dulces o saladas.

Y, no se lo pierdan, el restaurante se llama…Y como ya hay en juego una porra sobre estos misteriosos significados, añadiré ya que el arroz adhesivo, claro, es arroz glutinoso, los langostinos son pelados y sin peluca, y los millones y abundantes razones son…¡ooooh, decepción!, raciones mejores y abundantes (hasta que monte yo mi chino).

Un día me pasaré por la calle San Bernardino, y le haré una foto al texto de otro escaparate que alucinas de lo amazing que es.

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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Una respuesta a Patrullando la ciudad. Antropocutresociologías mías mías.

  1. Toda la culpa es de los diccionarios, los tímidos adolescentes escolarizados en sistema español supongo que recurren al diccionario chino-español
    Lo del arroz adhesivo se entiende, arroz glutinoso=arroz adhesivo tiene su lógica; no sé a ti pero a mi el arroz de valencia, que es adhesivo, se me aglutina por eso me parece perfecto para hacer el arroz con leche pues el arroz con leche no es sino eso: desaglutinar el arroz a base de remover y remover, de este modo las párticulas de arroz se adhieren a la leche y qeuda cremosilla cremosilla.
    Lo q no me cuadra es lo de los langostinos peludos ¿cual es el término original chino?
    Lo de las millones y abundantes razones es clara expresión de la sabiduría oriental que, contrariamente a nuestras propuestas filosófico-racionalistas, q reducen las razones a unas pocas obtenidas con cuatro reglas de cartesiano método y unas pocas reglas para la dirección del espíritu, siempre supo pensar lo múltiple y complejo q el mundo y la vida son y no son. En la simplicidad de un haiku, por ej, hay millones y abundantes razones y sinrazones.

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