Música de calle y mar

Pues aquí estoy, en la plaza de Santa Cruz, a la sombra de la sombra, porque hora de sol ya no es. Estaba todo muy tranquilo hasta que llegaron estos dos chavales tocando el acordeón y la pandereta. Este último, absolutamente terrible, y eso que tenía la cosa más fácil. Curioso, siendo ambos ostensible y casi ostentosamente hermanos, y digo yo que por qué no les habrán inculcado a los dos el sentido del ritmo. A lo mejor el de la pandereta se crió con unos vecinos, mientras la madre amamantaba al otro cantándole baladas al conde Drácula. Porque rumanos, lo son.
No entiendo, con la curiosidad que siento por la música ¨de países¨, y supongo que no seré la única, cómo estos del acordeón tienen la santa manía de tocar Cielito lindo y esas lindezas “universales” en vez de desvelarme sus secretos gitanocarpáticos.Puñeta, se me han ido sin que les pudiera dar, pese ala pandereta, mi óbolo. El camarero, inmigrante pero de los que hablan español, está celoso porque no le he dado propina, y no me iba a dejar que les diese nada a los hermanos. ¡Racista, celoso y áspero! Pero ya lo he mirado cruzado, y esta noche le van a doler los intestinos.
Esto de los músicos me ha recordado a los que tocan el cimbalón. Esa especie de piano abierto, pero en el que se percute sobre las cuerdas, como un xilofón, y suena a clavicordio solo que a golpe de palitos, o baquetas, o whatever.

 
Hay dos hermanos, o tío y sobrino, que son cuspidiños (igualitos) y tocan sendos cimbalones, pero pedazo de cimbalones, o sea, que serán cimbalonzones. Al unísono y en la calle Preciados. Esos tienen mucho público porque dan mucho espectáculo.
Más discreto, uno que me encontré bien de noche tocando en la Plaza Mayor, tocaba un címbalo pequeño. Como única transeúnte, le di mi óbolo, no faltaba más. Y me quedé escuchando, y luego, blablableando, naturalmente. Le pregunté por las iniciales talladas en el instrumento, y me dijo que eran las suyas, y la pena es que no recuerde el nombre, porque no estaba mal, el nombrecito. Rumano, claro. Y las segundas iniciales eran las del fabricante, por lo visto un clásico.
Y, ay, Dios, me dio por preguntarle también qué le parecían el tío y el sobrino de Preciados, y ahí ya la armé. Resulta que él era auténtico, y ellos unos farsantes. Muy espectaculares y poco virtuosos. Mucho aparato y poca calidad. Tuve que darle la razón, como si fuera la reina de las catadoras de cimbalón.
Lo mejor que me contó fue la historia sobre una noche en la que, como muchas, tenía que dormir en el coche porque andaba de gira por las fiestas de los pueblos.
En el coche tenía mucho frío, así que se metió en la funda del instrumento, que es casi como una tienda de campaña, y allí se acurrucó. ¿Qué pasó? Que el maldito cimbalón, durmiendo al raso, también tenía frío, y la madera empezó a quejarse y las cuerdas a vibrar al contraerse con la temperatura. Así que tocaba por su cuenta las notas que le daba la gana.
Y el pobre tipo, de repente, temblaba pero ya de miedo, no de frío, porque de repente es como si desconociera a su acompañante de siempre, que parecía que hubiera cobrado vida propia, y además ¿quién le había enseñado semejante melodía,?
En fin, que no pegó el ojo y decidió, en adelante, dormir en el maletero cubierto de cualquier cosa. No fuera a vengarse de otra forma el cacharro de madera por haberle dejado al relente.
Y eso me recuerda…cielos, si voy hilando no termino nunca. Pero esto es para terminar: eso me recuerda a una leyenda que Manuel Rivas cuenta sobre un naufragio. El barco llevaba un cargamento de acordeones (esto ya es un bucle, vuelvo a los acordeones), y enfilaba a la costa, pero se perdió entre la niebla y zozobró entre los escollos. Los instrumentos cayeron a la mar, y con las olas…los acordeones empezaron a arrugarse y estirarse haciendo música, unas notas tétricas que parecían un llanto, y encima la costa era ni más ni menos que la Costa da Morte, en Galicia. Así que los paisanos que solían ir a buscar restos de los numerosos naufragios, se dijeron que esa noche buscara otro, se cagaron de miedo, se fueron a casa, y por más que cerraron las ventanas y se taponaron los oídos con tapones de silicona…perdón, ejem, serían de algodón…no pudieron libarse en toda la noche de ese soniquete siniestro que les debió de hacer soñar bonito bonito. Yo qué sé, con la muerte o algo peor, si lo hay.

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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3 respuestas a Música de calle y mar

  1. En la vida, de eso se trata… hilar, eslabonar, buclear … cosas por el estilo; así, así, hasta que la parca más vieja de las tres corte el hilo de la vida.
    La parca-moira joven da el hilo, la mediana lo teje la vieja lo corta .
    En fin… eslabono palabras… ergo existo

  2. El rumano dijo:

    ¿El sexto sentido es el del ritmo?, prueba a darle a la pandereta a ver como te sale …. Mi hermano es más listo que yo y eso que estudiamos en la misma escuela…
    La próxima vez te unes a nos con la gaita,

    Sărut (un beso en rumano)

  3. marlene dijo:

    Si es que acostumbrarse a Plácido y Domingo lleva a lo que lleva… que han puesto e telón muy alto y claro, luego aparecen los aficionados y se cae el telón o las ganas o lo que sea…. bss

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