¡Que no es de la edad!

Pues estamos bien.

Tengo un Mac y no acaba de entenderme.

Hoy, en casa, he probado a ciegas varios perfumes, y cuando dije: ¡este, me pongo este! y abrí los ojos,  tenía la cabeza en el fregadero y estaba esnifando Don Limpio.

No soy muy adecuada para guardar las formas, menos mal que se han perdido, dicen. Al final, quién me puede privar de vaporizarme con Don Limpio para ir a la ópera y de escupir flemas a mi Mac, por levantisco.

Tampoco me entiendo con las plantas. Cuando pienso, pensando por ellas, que se están muriendo de sed, se mueren porque las riego. Cuando son cactus, los riego poco porque son cactus, y también se mueren. He llegado a tener un plantío de cartelitos de DEP, pinchados en sus respectivos palillos, en todos los tiestos donde había tenido elplantío de cactus.

Me hago un lío con todo. No creo que sea cosa de la edad, porque siempre he estado igual de liada. Así que, por favor, dejad de decirme que ¨ya tenemos una edad” y blabla. Siempre se tiene una, y las mías han estado llenas de errores. Puedo contarlos bien gordos, pero me atendré al ámbito doméstico y relataré unos cuantos, recientes pero con antecedentes.

El otro día me enjuagué los dientes con un colutorio que sabía a rayos. Nunca recuerdo cuál es el que abrasa la boca, y repito siempre el mismo error. Cuando fui a escupir el santo remedio, no porque ya tocara, sino porque tenía que correr a buscar el extintor, ¿dónde lo hice? En el cesto de la ropa sucia.

En el capítulo odontológico, también fue memorable el día que me quise lavar los dientes con crema de manos. ¿Será buena la lanolina para las encías? Por si acaso, la escupí, lo mío es escupir urgencias. Pero, más que nada, porque sabía a zapato de cordones.

Aunque peor fue lo que le ocurrió a una cierta conocida, que una noche se confundió con las prisas la crema espermicida con el gel anticelulítico, y en lugar de acabar practicando el kamasutra, terminó en urgencias, donde tuvieron que extraerle un gurruño poroso, como una esponja de mar. ¿El galán? Tenía prisa, y se había ido. El médico de urgencias estaba casado, y mi conocida es muy legal. Punto final.

Hace unas noches me llevé una botella de agua a mi cuarto por si  las sedes de madrugada, que no son de la edad, sino de Madrid, que está seco. Me bebí un trago antes de acostarme, y ¿qué hice con la botella? La tiré con alegría encima de la cama, solo que antes olvidé taparla. Como no era verano, tuve que cambiar las sábanas porque el agua estaba helada.

Una mañana me levanté y me dio tiempo, por una vez, de hacer la cama antes de irme a ganarme el pan con el sudor de mi frente. En la sábana bajera había una gran mancha negruzca. Lo primero y único que se me vino a la cabeza fue: ¡vejez! O había entrado en la cuesta abajo del descontrol de esfínteres, o me había estado desangrando toda la noche.

Pues no.  Allí tirados, junto a la cama, tres envoltorios vacíos del chocolate (con leche, sin leche y blanco) que me había metido entre pecho y espalda mientras leía en la cama un buen número de páginas. Alguno, seguramente la tableta de 80% de cacao, lo había estado incubando durante horas con todo el amor de una gallina clueca.

De todas formas, y ahí está otra vez la sombra: resulta que clueco, aplicado a una persona, es lo debilitado que se pone uno con la vejez. Vaya.

No creo haberlo mencionado, pero trabajo en la tele. Una vez escribí, sobre la ubicación de un sucedido , que es “un país pequeño, de apenas 5 kilómetros cuadrados¨. Cuando se emitió mi noticia, todos mis compañeros quedaron impresionados: ¡Pues sí que era pequeño!¿Cómo es posible que le cupiera una guerra?

Naturalmente, los 5 kilómetros cuadrados eran 50000. Sigue siendo pequeño, pero tratándose de Costa Rica, hay que reconocer que está muy bien aprovechado, con tantos parque naturales y cuatro millones y medio de costrarricenses, y eso que tiene menos capacidad que el lago Michigan, pero, eso sí, más que el Tanganica.

Mal ejemplo, porque los lagos tienen metros cúbicos, y en los metros cúbicos caben más cosas.

Y puestos a despistes, el siguiente es monumental, y debería darme vergüenza contarlo, pero ahí va: hace bastante tiempo, me di cuenta de que salían muchos teletipos con el encabezamiento de DR CONGO. Como no andaba yo en ese asunto y me hacía falta el tiempo para otros, los pasaba de largo mientras mi cabeza leía, maquinalmente, Dr. Congo. Y maquinal, casi inconscientemente, pensaba sin pensar¨ ¿qué habrá hecho ese Dr. Congo para asomar tantos días seguidos? Seguro que lo están juzgando por envenenar masivamente a sus pacientes. O algo de eso.

Ya más concentrada y sin prisas, y recordando que había tremendo pollo en la República Democrática del Congo, Democratic Republic of Congo, me ruboricé en solitario con todo el rojo que soy capaz de emitir. Qué autovergüenza más espantosa.

Hace unos meses llevé el portátil al taller porque el ratón no funcionaba. Ni siquiera aparecía la flechita por la pantalla, por más que moviera el maldito mouse.

En el taller me dieron esperanzas. El software estaba perfecto y no había incurrido en ninguna incompatibilidad. Además, ¿estaba segura de que solía enchufarle un ratón a mi ordenador? Pues ahora que lo pienso, no, pensé, pero pensarlo en alto me daba vergüenza  y aun me la daba el solo pensarlo. Pero fui sincera: aquí está el ratón rebelde, dije, y saqué mi móvil del bolsillo. Qué apuro, pero me recompensó la risa agradable del técnico. Y, coño, qué guapo era el maldito. No me lo llevé a casa porque, con el telefonito, ya no me cabía nada más en el bolsillo.

Y esto me pasó el otro día en el cine: fui a ver Winter bones, me aburría soberanamente y me quedé dormida. Solo me desperté cuando oí cantar un pájaro, prrrchfuiiiiuiii, y como resulta que imito muy bien a los pájaros (aunque a veces parezco más Flipper, el delfín), resulta también que, qué demonios estaría soñando, es fácil adivinar quién estaba cantando. Glup.

¿Qué no me pasará cuando sea la típica viejecita de las que gastan moño blanco?

Para eliminar un factor de riesgo, gastaré una práctica melena corta.

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Acerca de mividadelosotros

Repugnada por el periodismo masticable.
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